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domingo, enero 17, 2010

LAS VACUNAS SON PARA TODOS

Ya he dicho que ni Francia, ni ningún país que haya comprado vacunas para más del 60% de su población han cometido errores en la protección contra la gripe A (www.dermocosmos.com :“La discriminación gripal”), porque el 24 abril la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado una alarma mundial a causa de los primeros casos aparecidos en México y USA; el 11 junio oficialmente se anunció una pandemia; el Comité de Lucha Contra la Gripe (CLCG), creado en Francia el 25 julio 2008, rápidamente recomendó la reserva de vacunas contra el nuevo virus; el virus de la gripe A es un H1N1 peligroso que nada tiene que ver con los B y C ya adaptados al hombre, ni con el H5N1 de la gripe aviar que nunca se ha adaptado al hombre, aunque haya producido muertes (www.dermocosmos.com :”Esta gripe sí es humana”); ningún virus tiene tratamiento específico y por consiguiente el único procedimiento antiviral eficaz es la vacunación; la comercialización de la vacuna anti-H1N1 necesitaba al menos 5 meses: dos para seleccionar la cepa, dos para fabricarla y uno para los ensayos clínicos; la inmunización debía comenzar lo antes posible y cuantas más personas se vacunasen más lenta y con menor amplitud sería la propagación de la enfermedad (www.dermocosmos.com : “Lo que se sabe de la gripe A”).

Con estas premisas y un bombardeo diario de noticias alarmantes (Le Monde, 20-07-09: “Europe : les autorités se préparent à affronter le virus”), (Le Monde, 23-07-09: “Le virus de la grippe A(H1N1) pourrait affecter 20 millions de Français d’ici à la fin de l’année”), (El País, 18-07-09: “Los expertos de Sanidad esperan 8.000 muertos por la gripe A”), (El País, 23-07-09: “Sanidad eleva un 50% la reserva de Tamiflu y estudia su venta libre”), es lógico que los países con posibilidades económicas pretendieran proteger a sus ciudadanos facilitándoles la vacunación, porque todo gobierno responsable debe prepararse para lo peor y esperar lo mejor. Y así ha sido, por ahora ha ocurrido lo mejor, pero nadie podía prever, y todavía no es segura, una evolución tan favorable.

Entonces, ¿por qué ha habido, en todos los países, esa reticencia para vacunarse, cuando es lo más eficaz, con el menor riesgo, para evitar al virus? Porque ha habido demasiadas informaciones contradictorias, oficiales y particulares.

Cuando se dice que la epidemia en el hemisferio sur ha sido menos grave de lo que se esperaba, no se entiende por qué en el hemisferio norte ha de ser igual si en medicina y especialmente con los virus nada es seguro; cuando se va al médico con fiebre, cansancio y malestar general y, sin hacer el diagnóstico serológico, se dice que es un catarro, una faringitis u otra enfermedad bacteriana, las cifras epidemiológicas no son muy precisas; al contrario, cuando se va al médico y, sin hacer el diagnóstico serológico se dice que es la gripe A y con tratamientos sintomáticos desaparecen las molestias, no se entiende la peligrosidad de la enfermedad; cuando se dice que los niños, los obesos, los inmunodeprimidos y demás grupos de riesgos son los que tienen más facilidad para contagiarse, los que no pertenecen a esos grupos de riesgo no comprenden por qué necesitan vacunarse; al contrario, los que quieren vacunarse y no se lo permiten no comprenden por qué hay que privilegiar a unos sobre otros cuando todavía no hay indicios de alta contagiosidad; cuando se dice que no hay tiempo para hacer ensayos clínicos y puede haber importantes efectos indeseados, no se entiende por qué se comercializa la vacuna; cuando se dice que, en caso de necesidad, se dispone de grandes cantidades de antivirales (oseltamivir, zanamivir), no se entiende para que sirve la vacuna; cuando se dice que la gripe aviar nos enseñó mucho para defendernos de la gripe que nos amenaza, no se entiende por qué ésta puede ser peor que la otra, etc. etc.

Se podría repasar las muchas cosas que se han dicho y escrito en defensa y en rechazo de la vacunación contra la gripe A pero la gran mayoría no han contribuido más que a sembrar la desconfianza en el sistema sanitario, porque la mayoría no están dichas más que por aficionados que en muchos casos ocupan puestos llamados de “alta responsabilidad”. Limitémonos a la vacunación y dejemos en paz la epidemiología, los protocolos, las alarmas, el miedo, los grupos de riesgo, y demás títulos periodísticos.

No hay que confundir un medicamento con una vacuna. Una vacuna, si se tiene, la de la gripe A y todas las restantes, es la única protección que tenemos contra las infecciones virales y deben de emplearse en todas las personas que no hayan padecido la enfermedad para la que se vacuna. Y si la vacunación tiene un límite temporal de protección debe de repetirse al finalizar ese límite e incluso, si alguien se vacuna habiendo pasado la enfermedad o sin terminar el límite de protección inmunológica no pasa nada, salvo que ha gastado inútilmente 10 €, en el caso de la gripe A. Es por lo que las autoridades sanitarias tienen la obligación de poner a disposición de los ciudadanos los medios para que cada uno, voluntariamente, se vacune o no. Los derechos humanos dan libertad individual para escoger entre vacunarse o no, pero las autoridades sanitarias no tienen elección, si disponen de una vacuna, tienen la obligación de ponerla a disposición de quien la desee.

Es el llamado principio de precaución, primer deber de la responsabilidad del Estado, especialmente en el caso de la salud, donde ningún país puede aceptar la muerte de un ser humano cuando se puede evitar, independientemente del gasto que represente, porque ese gasto es el precio de la libertad de las personas (Le Monde, 09-01-10: “Le principe de précaution oblige à exagérer la menace”).

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LA DISCRIMINATION DE LA GRIPPE

Comme je l’ai écrit au mois d’avril dernier (www.dermocosmos.com : “Esta gripe sí es humana”), avant que le jeudi 23 soit confirmée officiellement la mort de 81 mexicains, essentiellement d’Hidalgo, de Tlaxcala, de Chihuahua, de San Luis Potosí et du District Fédéral : “Ni toutes les grippes sont identiques, ni tous les virus de la grippe de même que les malades sont pareils, ni les infections sont toujours des épidémies, ni toutes les épidémies des pandémies, etc. etc. La médecine est humaine et n’a rien à voir avec le commerce ni avec les méthodes mercantiles

Nous sommes maintenant, presqu’un an après, en train de jouer de nouveau avec la santé. Il est vrai que les maladies sont toujours compliquées, même pour les experts, parce qu’elles affectent des organismes très complexes, mais quand s’en mêlent ceux qui se font eux-mêmes appeler gestionnaires de la santé, journalistes spécialisés, conseillers, politiques, etc. (certains appartenant au personnel sanitaires, mais avec un exercice très limité), ils arrivent non seulement à s’auto-convaincre d’avoir la bonne solution mais aussi d’en convaincre les citoyens. Je ne comprends pas encore pour quelle raison les ministres, les conseillers, les journalistes, les économistes, etc., avec des connaissances médicales sommaires, jouissent de la préférence des médias pour expliquer les problèmes de la santé. Que peut dire un avocat, un économiste, un politique, etc., de la santé ? Dans le meilleur des cas ce qu’ont déjà dit les experts et, dans le pire, des incongruités. Pourquoi ne pas le demander directement à l’expert lui-même ?

A l’heure actuelle, des pays comme la France (94 millions de doses), l’Allemagne (50 millions), l’Espagne (37 millions), les Pays Bas (34 millions), le Royaume Uni (plus de 30 millions), les USA (plus de 150 millions), le Japon, la Chine, etc., ont acheté trop de vaccins. Depuis quand est-ce un excès d’empêcher qu’un être humain puisse mourir à cause d’un agent infectieux pour lequel nous n’avons pas de traitement spécifique ? Depuis quand la médecine peut-elle être assimilée à une usine de voitures ou de chaussures où on peut estimer le nombre de produits pouvant être défectueux ? Si dans la fabrication de chaussures ou de voitures il y a une machine qui réduit ces défauts, l’entreprise peut décider de l’acheter ou de ne pas l’acheter, en fonction du coût des pièces défectueuses, mais en médecine la notion de pièces défectueuses n’a pas cours, le rebus n’a pas de prix, il s’agit d’êtres humains, et c’est encore beaucoup moins acceptable dans le cas d’un vaccin qui, tout au plus, vaut environ 10 €. Je sais que nous sommes en crise, mais ce n’est pas le problème de ceux qui risquent de mourir à cause d’une mauvaise organisation, le problème essentiel est celui des priorités, humaines ou mercantiles, des responsables.

Il n’y a pas eu d’excès dans l’achat des vaccins, pas même en France qui compte 65 millions d’habitants, à raison de deux doses par personne, en suivant l’indication initiale, 94 millions de doses servant pour la vaccination de plus de 70% de la population, ce qui représente une sécurité pour n’importe quelle épidémie (l’idée qu’il est suffisant de vacciner seulement 30% reste à prouver).

Evidemment depuis le 20 novembre dernier, quand il a été accepté qu’une seule dose suffisait, la situation de la France s’est avéré exagérée, non pas pour une mauvaise prévention mais à cause des nombreuses erreurs que tout médicament ou toute vaccination comporte obligatoirement (il suffit de se souvenir comment a été approuvé le AZT pour le SIDA). C’est pour cela qu’il faut effectuer des études cliniques très méticuleuses avant la commercialisation d’un produit mais, quand on n’a pas le temps, il vaut mieux pécher par excès que par défaut. Peu importe s’il y en a trop maintenant, de toutes manières, les doses peuvent être revendues à d’autres pays demandeurs ou, sinon, on peut les donner à ceux trop nombreux qui en ont besoin, en augmentant un peu de ce 10% de leurs réserves qu’avaient promis les USA, l’Australie, le Brésil, l’Italie, La Nouvelle Zélande, la Norvège, la Suisse et le Royaume Uni.

Si aucun pays n’a commis d’erreurs dans l’achat des vaccins (les uns étant plus riches et les autres plus pauvres), tous en ont commis dans la méthodologie qu’ils ont suivie pour les vaccinations et dans les explications qu’ils ont données aux citoyens (les plus pauvres n’ayant rien eu à expliquer, car ils ont des maladies beaucoup plus graves que la grippe).

Après avoir expliqué à la population que le groupe consultant stratégique des experts de l’OMS avait déterminé la souche que les laboratoires devaient utiliser pour la fabrication du vaccin, que six mois au moins étaient nécessaires pour en disposer, il n’y avait plus qu’à attendre en se contentant de divulguer les mesures d’hygiène générales et les données épidémiologiques qui se produisaient dans le monde et dans chaque pays, en conseillant aux médias de ne pas aventurer d’hypothèses car, ce que nous savons, pouvait avoir été, et peut encore être, différent. N’importe quel virologue se méfie du virus le plus inoffensif soit-il, spécialement parce qu’aucun n’a de traitement efficace. Seul le vaccin est sûr et tant que l’on ne l’a pas, il est inutile de parler de solutions définitives.

Pour différentes raisons, on n’a disposé du vaccin qu’en octobre-novembre. Deux possibilités s’offraient alors : qu’à ces dates on dispose du total des vaccins demandés ou que, pour des raisons techniques de fabrication, la commande se réalise progressivement. Dans les deux cas, il n’y avait pas de raisons pour constituer des groupes de risque et des listes d’attente pour la vaccination, sauf si l’épidémie s’était montrée si agressive que le nombre de morts journalier aurait été important. Il n’y a pas de raison morale pour qu’une personne meure parce qu’elle n’appartient pas à un groupe de risque, alors que la notion de risque a des limites aussi imprécises que celles qu’on a bien voulu lui donner.

Nous oublions parfois que, dans des circonstances normales, le respect de la personne est sacré. Je tiens à rappeler, qu’en cas de cataclysme, de guerre, d’épidémie à haute mortalité, de pauvreté extrême, du naufrage du Titanic, etc., les droits individuels sont au service de la société et que les forts ont l’obligation de protéger les faibles, mais en temps normaux “pour les autres je ne serai personne, mais pour moi je suis tout” et les faibles ou les forts méritent tous le respect que leur accordent les droits humains.

Je considère donc que si le vaccin est la seule solution efficace pour la grippe A et qu’il existe, personne n’a le droit de me dire quand je dois ou je ne dois pas me vacciner, je dois être libre de le faire ou de ne pas le faire quand je le désire. De quel droit un administrateur m’expose à une mort possible en gardant le vaccin qu’il possède en attendant de voir ce qui peut advenir ?

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sábado, septiembre 26, 2009

DE LO QUE SE SABE DE LA GRIPE A (H1N1)

  • Los virus, como cualquier organismo vivo, se reproducen, alimentan y mueren.
  • Todos los virus necesitan invadir una célula viva para cumplir ese ciclo vital.
  • Dicho ciclo vital depende del propio virus y de las condiciones del medio en el que se desarrolla.
  • El propio virus puede ser más o menos agresivo, permanente o transitoriamente, según su constitución y posibles mutaciones.
  • El nuevo virus H1N1 lleva genes de un virus humano, otro aviar y dos porcinos.
  • La población carece de inmunidad contra el virus de la gripe H1N1.
  • La población carece de inmunidad contra el virus de la gripe H1N1.
  • Los meses de invierno son óptimos para los virus gripales.
  • El invierno austral ha sido el gran ensayo general pero todos los virus son imprevisibles.
  • El pico de la infección por H1N1, en el hemisferio norte, puede ser tardío (enero), pero es probable que se produzca en noviembre.
  • Ningún virus tiene tratamiento específico, es decir que pueda ser destruido por un medicamento.
  • Los medicamentos antivirales inhiben la multiplicación del virus pero no la impiden totalmente.
  • No existen medicamentos sin posibles efectos indeseados por lo que la utilización de antivirales depende del cociente: posibles beneficios/posibles perjuicios.
  • El único procedimiento antiviral eficaz es la vacunación, si se tiene.
  • Las vacunas son para cepas fijas, no para mutaciones.
  • La comercialización de la vacuna anti-H1N1 necesita al menos 5 meses: dos para seleccionar la cepa, dos para fabricarla y uno para los ensayos clínicos.
  • La inmunización debe comenzar lo antes posible.
  • La capacidad anual de producción mundial de vacunas antigripales es de 900 millones de dosis.
  • Cuantas más personas estén vacunadas, el virus se propagará más despacio y con menos amplitud.
  • Lo ideal para cortar la pandemia de la nueva gripe sería vacunar al 70% de la población.
  • Todo gobierno responsable debe prepararse para lo peor y esperar lo mejor.

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martes, julio 21, 2009

LA VACUNA DE LA GRIPE A COSTARÁ 10€

Estaba contento cuando escribí el 1º de junio pasado: “desde hace más de 40 años que conozco un poco de medicina, la administración española ha aplicado correctamente la estrategia debida para una posible pandemia grave” (“Tenemos suerte con la nueva gripe” www.dermocosmos.com) pero me temo, espero que me equivoque, que nos enfrentaremos al perpetuo “becerro de oro”, es decir a los dineros.
Ya empiezo a escuchar que no tendremos la vacuna hasta diciembre, que no será necesario vacunar a todos, que hay personas más expuestas que otras, que no todas las regiones tienen la misma temperatura, que posiblemente la mayor incidencia en los jóvenes se debe a que los viejos hemos pasado otras gripes, etc., etc., lo que quiere decir que se inicia la campaña de medias verdades para tratar de escaquear cuanto se pueda, no solo por la mala situación económica que tenemos sino también porque en medicina, como en educación, siempre es más difícil de demostrar los errores. Cuando se hace una carretera todo el mundo la ve, pero cuando la educación o la sanidad es mediocre se tarda, al menos, 10 años en descubrirlo. Hoy mismo Margarita Salas se ha quejado a su discípula y ministra de que los recursos para la investigación (una pequeña pero importante parte de la educación y de la sanidad) no lleguen al 2% del PIB.
¿Han leído “Periodismo dudoso de la vacuna del VPH de GlaxoSmithKline” www.dermocosmos.com? Esta vez es “El País Digital”, la firma es de María R. Sahuquillo, el título “Los bebés se perfilan como nuevo grupo de riesgo ante la gripe A” y el resumen de la cabecera “Enfermos crónicos, diabéticos, obesos, embarazadas. En ellos la gripe A puede ser más agresiva. Por eso, en Europa, recibirán la vacuna contra el H1N1. Son parte de los grupos de riesgo a esta pandemia”. Todo lo que destaca en este encabezamiento es exacto pero una perogrullada, porque todos esos grupos de riesgo que cita lo son para cualquier otra enfermedad y, olvidando decir que la gripe A es peligrosa para todo el mundo, se presta a pensar que no importa si solo se vacunan los que tienen más riesgo.
No juguemos con las palabras. Pues claro que si no hay más remedio, por que no hay vacunas para todos, habrá que sacrificarse por los débiles, pero que quede claro, si no nos vacunamos todos es porque no tenemos suficiente dinero o porque los tres laboratorios que fabrican la vacuna no dan abasto. En el primer caso no es problema de los ciudadanos, es problema de saber las prioridades de nuestros administradores, en el segundo siempre habrá la comparación con otros países que han sido bien abastecidos, lo que también redundará en la buena o mala administración de los dirigentes.
En artículo de Sahuquillo, sobra el párrafo “Por eso, en Europa, recibirán la vacuna contra el H1N1.”, porque Francia ya ha negociado en firme 94 millones dosis de vacunas contra la gripe A, lo que quiere decir que, como son dos dosis para cada persona, tiene ya previsto vacunar a más de 45 millones de sus ciudadanos y no solo a los grupos de riesgo. Hoy mismo en el programa de “C en l’air” de la televisión francesa F5, a las 18.30h., han explicado que el Reino Unido, Alemania y Estados Unidos tienen compromisos semejantes con los laboratorios Sanofi, GlaxoSmithkline y Novartis.
Disculparse, como suelen hacer en sanidad, con los protocolos, la medicina basada en la evidencia y otros muchos artilugios pseudo-científicos no es aceptable en el caso de la gripe que se avecina, porque se trata de un virus y ningún virus tiene tratamiento específico. Lo único útil son las vacunas que evitan la instalación y multiplicación del germen en el organismo, por lo que no hay disculpa si no se vacuna a toda la población. Bastante desgracia tienen los infectados por virus sin vacuna, como el SIDA, hepatitis C, etc., que tienen que aceptar antivirales cuya eficacia es tan dudosa que nunca pueden soñar con curarse.
Tampoco estaría mal recordar que si no se pone un mínimo de control a esta mundialización o liberalismo salvaje que ha prevalecido en los últimos años, nuestro juego de “aprendiz de brujo” terminará en desastre. Y no me hablen de pesimismo porque nunca he creído que los miles de millones de galaxias puedan desaparecer. No es aceptable que empresas como Smithfield Foods Inc. en un pueblecito de unos 3.000 habitantes, llamado La Gloria (Veracruz-México), tengan más de un millón de cerdos hacinados en unas 200 porquerizas, en pésimas condiciones higiénicas (“Le Monde diplomatique en español” nº 164, Junio 2009).
Ya sé que estamos en una importante crisis económica pero por eso es el buen momento para recordar los millones gastados inútilmente en la gripe aviar y los millones de aves y cerdos que se crían en condiciones higiénicas vergonzosas, para no citar las frutas, verduras y demás inventos.

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martes, abril 28, 2009

ESTA GRIPE SÍ ES HUMANA

Por favor, no volvamos a las andadas. No todas las gripes son iguales, no todos los virus de la gripe son iguales, no todos los enfermos de gripe son iguales, no todas las infecciones son epidemias, ni todas las epidemias son pandemias, etc. etc. La medicina es humana y nada tiene que ver ni con el comercio ni con los métodos mercantiles.

Esta gripe porcina (H1N1), descubierta en México hace dos días aunque, sin duda, de más días de evolución, es peligrosa y nada tiene que ver con las fantasías mediáticas, interesadas y atemorizantes que durante años se han utilizado para hacer pseudociencia con la gripe aviar (http://www.dermocosmos.com/ :”La gripe aviaria” 23/04/06; “El Tamiflu” 15/05/06; “La gripe aviar no es peligrosa para el hombre” 08/11/07; “¿Se acuerdan del Tamiflu?” 23/03/08). El tiempo, el dinero y las llamadas investigaciones que se han perdido, ahora nos vendrían muy bien, en esta época de crisis.

Nada tienen que ver los virus de la gripe que ya están adaptados al hombre, los B y C, que, precisamente por no cambiar de especie animal, tienen pocas y pequeñas evoluciones genéticas, con los que provienen de animales, los A, que, precisamente por cambiar de especie animal, tienen facilidades para producir grandes y pequeños cambios genéticos y antigénicos.

Pero dentro de los peligrosos, es decir los del grupo A, hay que diferenciar los que ya han mutado para adaptarse y estabilizarse en el hombre de los que nunca han mutado o se han adaptado en un escaso número de personas, sin significado epidemiológico. Los verdaderamente peligrosos, que pueden producir grandes pandemias, son los H1, H2 y H3, combinados con N1 y N2 (lo de H y N proviene de Hemaglutinina y Neuraminidasa, proteínas que permiten al virus pegarse y penetrar en las células).

El virus de la gripe porcina es el H1N1 y tanto el H como el N pertenecen a los virus altamente peligrosos. Tan peligroso que fue el causante de la gran pandemia de 1918 (25 millones de muertos) y se sabe, desde 1930, que infecta igualmente al cerdo. Es un virus que no necesita mutar para producir la enfermedad en el hombre, como es el caso del de la gripe aviar, sino que tanto en el cerdo como en el hombre, desde hace muchos años, produce la gripe.

El 16 y 17 de octubre de 2006, en plena confusión sobre los riesgos de la gripe aviar, Bruselas organizó un Seminario para mejorar la información entre las autoridades sanitarias nacionales de los Estados miembros y los medios de comunicación, para evitar « confusiones en los términos utilizados para definir las epidemias animales y humanas”.

Esta vez creo que sí se necesita una educación de los periodistas, políticos, administradores y otros difusores de opinión para que no vuelvan a las andadas de confundir todo, porque esta gripe es verdaderamente grave si no se respetan los más elementales principios de intentar cortar la cadena epidemiológica, especulando con dudosas investigaciones y dudosos tratamientos.

Aunque ningún virus tiene tratamiento específico, la protección contra otras agresiones ayudan al organismo infectado a defenderse, pero el mejor tratamiento es la prevención del contagio, lo que no solo ahora hay que hacer, sino especialmente cuando compramos y vendemos productos fabricados, producidos o criados en condiciones higiénicas dudosas, por muy baratos que sean, de la misma forma que no es conveniente las relaciones con vecinos indeseables.

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miércoles, octubre 29, 2008

DESPUÉS DEL INICIO Y EL FINAL DE UNA PROFESIÓN,

Aunque he escrito el inicio y el final de una profesión (http://www.dermocosmos.com/), como todavía no he muerto, desde los años 80 que renuncie a aplicar lo que había hecho, durante 10 años, en Ginebra, con amplios contactos regulares y duraderos en toda la Europa desarrollada, he tenido que adaptarme a las posibilidades que me ofrecía la mentalidad hispana.
Como jefe de sección de un hospital universitario madrileño, pasaba consulta a los enfermos ambulatorios que me asignaban y al final de la mañana a los hospitalizados, pero, poco a poco, fue reduciéndose el número de camas de hospitalización disponibles y las posibilidades de hacer diagnósticos referenciales para los centros de salud periféricos, hasta el punto de que, quizás por vergüenza, un buen día, la dirección reunió a todos los médicos del servicio, para tratar de justificar la notable reducción de medios que teníamos. Mi sorpresa fue que, después de explicar su punto de vista, el director del hospital abre un turno de preguntas y nadie dice nada, ni siquiera los dos jefes de servicio presentes.
Después he comprendido la capacidad del español medio para callarse y solamente decir su opinión en privado (son siglos de memoria histórica sin ciudadanía), pero yo venía se Suiza y me atreví a preguntar por qué, en ese momento, había enfermos de dermatología hospitalizados en servicios que no les correspondía, añadiendo que si quería cerrar el servicio de dermatología no tenía más que hospitalizar a los enfermos dermatológicos en oftalmología o, para no exagerar, en medicina interna, a lo que el director me respondió que, sin duda, eran errores que se habían cometido y que le diera el número de las camas en las que se habían hospitalizado mal para corregir dichos errores. Como entonces también hacía interconsultas hospitalarias, es decir visitaba a los enfermos hospitalizados en otros servicios pero que tenían algún problema dermatológico, conocía muy bien donde estaba cada una, y en el momento en que le entregaba los números de las camas erróneamente ocupadas pregunté donde se veía a los enfermos de transmisión sexual “… o es que en Madrid no hay prostitución, ni riesgo sexual alguno…”, dije. Tengo que reconocer que el director tuvo reflejos, porque me contestó al estilo suizo: “si me haces un proyecto lo ponemos en marcha inmediatamente”. Esto pasaba al final de la mañana y por la tarde tenía el proyecto sobre su mesa.
No era muy difícil ser tan rápido. Se tenía lo más difícil de conseguir: locales y recursos humanos. En un llamado servicio de serología, fundado por el profesor Gay Prieto, estaban adscritos, además del jefe de servicio, un jefe de sección, dos adjuntos, una enfermera, una auxiliar de enfermera y una secretaria que, si en la vieja época en la que la sífilis era un problema sanitario y social importante, sin duda, tenían mucho trabajo, desde hacía años se limitaban a hacer, como mucho, un test serológico por semana que podía hacer un solo técnico en una hora, lo que quiere decir que todo el personal estaba exageradamente infrautilizado. No había más que hacer un organigrama en el que además de los tests serológicos se incluyera un protocolo para asistencia y tratamiento directo de los enfermos y reciclar a dicho personal.
Así nació el Centro de Enfermedades de Transmisión (CETS) aprobado, en 1983, por la Comisión Permanente de la Junta de Gobierno del Hospital Clínico “San Carlos” de Madrid, de donde salió el primer protocolo clínico y de tratamientos de dicho hospital, las colaboraciones interdisciplinarias, con ginecología, urología, microbiología, epidemiología, etc., los cursos anuales para estudiantes de medicina, médicos, enfermeras y cuantos quisieran reciclarse, un plan de actualización para más de diez mil médicos de atención primaria en 31 provincias de España y una revista científica distribuida en la Península y en toda Sudamérica.
Todo eso se hizo por la adaptación de una buena profesión y la generosidad de unos profesionales a la mediocridad administrativa hispana. A diferencia de los directores y gerentes suizos, los españoles nunca se enteraron de que ese centro médico no les había costado nada y les estaba dando mucho prestigio nacional e internacional. También ha desaparecido.
Al principio colaboraban conmigo una enfermera, dos residentes y varios médicos extranjeros (la mayoría sudamericanos y de oriente medio) pero, poco a poco, todos han ido despareciendo y, que yo recuerde, comencé el siglo pasando consulta solo.

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domingo, agosto 31, 2008

SANIDAD PÚBLICA Y PRIVADA

He escrito que la sanidad no debe ser una empresa lucrativa y que su sistema de gestión nada tiene que ver con la economía de mercado (“La sanidad puede pero no debe ser empresa lucrativa”: www.dermocosmos.com), porque su objetivo único es curar o aliviar al enfermo y eso no tiene precio, sin que ello sea incompatible con que los fondos necesarios para dicho objetivo puedan también ser privados. Y digo también, porque, en todos los casos tiene que participar el dinero y el control público, puesto que no es frecuente que alguien aporte su dinero, salvo el Estado, para no obtener beneficios; aunque los hay y, créanme, merecen todo el respeto y agradecimiento de la humanidad, tanto de los que se aprovechan de su generosidad como de los que no la necesitan. Los hay, pero necesitan control, porque el tiempo y la inercia cambian fácilmente su generosidad.
Nadie puede negar la esplendidez de filántropos como Bill Gate, que ha dado más de 30.000 millones de dólares a la Fundación Bill y Melinda Gates, para reducir la pobreza y las enfermedades en el mundo, de Warren Buffett, que el 25 de junio de 2006 se ha unido a dicha Fundación aportando 37.000 millones más, sin imponer proyectos personales que glorifiquen su nombre, pero con la esperanza de que su gesto anime a otros millonarios, lo que, según parece, no es difícil, puesto que hacia 2001 Buffett, Soros y Gates padre, firmaron, junto a 120 multimi­llonarios estadounidenses, una carta para evitar que Bush hijo eliminase el impuesto de sucesión, porque pensaban que perjudicaría a las fami­lias más necesitadas y favorecería a los más ricos.
¡Ojala que se asocien muchos más!, pero conviene no equivocarse, porque las verdaderas generosidades, en comparación con las necesidades, son raras y muchas veces están enmascaradas con beneficios de propaganda, de impuestos, de seguridad económica, etc., lo que no tiene importancia en campos de desarrollo tecnológico, pero sí en la salud o en la enseñanza, porque no se puede confiar en el liberalismo o en el socialismo privado que no prevé los ciclos de recesión. De ahí la necesidad obligada de la participación estatal.
Es sorprendente escuchar o leer a un administrador público de la sanidad que la medicina privada es más barata que la pública, porque no tiene más que dos explicaciones: 1) el que habla o escribe es un ignorante (lo que no es deshonra pero si una desgracia) y en ese caso o aprende rápidamente o, por dignidad, debe dimitir; 2) la medicina privada que se hace es mala y en ese caso el que sufre o muere, sin deber sufrir o morir, es el enfermo.
Es fácil que la medicina pública sea cara teniendo responsables que no saben medicina porque son únicamente políticos nominados, como es igualmente fácil tener una medicina privada barata reduciendo al máximo el personal, las pruebas diagnósticas, las estancias hospitalarias, etc., etc., y, tanto a unos como a otros, nunca se les pide cuentas y si se les pide y son malas no les pasa nada.
Sea sanidad pública o privada la única forma de que sea barata es tratando adecuadamente al enfermo y eso no se logra solamente con edificios nuevos, televisión en las habitaciones, trato amable, etc., que también es necesario, sino siguiendo la metodología reconocida desde hace más de un siglo para hacer diagnósticos y tratamientos correctos. Sin medicina no hay sanidad barata por muchos aficionados a la economía que la dirijan y mucho marketing que se organice.
Mi estancia de 10 años en la Universidad y en el Hospital Cantonal de Ginebra me enseñó que todos los años tenía que rendir cuentas de mis actividades. Y se las leían, porque me respondían con su valoración. Pero no se confundía la responsabilidad médica con la responsabilidad gestora. La primera era la que me daba facilidades para hacer mi trabajo y la segunda la que se leía y valoraba mis resultados. Entre los médicos y gestores no había discusión porque si las facilidades dadas por la dirección médica no daban buenos resultados o la dirección gestora no los controlaba, tanto una como otra también tenían sus premios o castigos, según la valoración obtenida. Nadie estaba libre del elogio o de la crítica, por muchos amigos que tuviera, lo que no quiere decir que, en caso de fracaso, las medidas tomadas fuesen drásticas, pero si había ligeros descensos jerárquicos por dimisiones con dignidad.
Este proceder obligaba a todos, incluidos el Director y el Gerente del Hospital, a colaborar en equipo, con plena disposición desde el vértice a la base de la pirámide, porque todos éramos conscientes de que la unión hace la fuerza. Allí se tenía que tener cuidado con lo que se pedía, porque, sin burocracia, en menos de una semana, lo tenías concedido, pero, claro está, al final del año te controlaban lo que habías hecho con tus peticiones y si no funcionaban hasta tus colegas no estaban contentos, porque ellos contaban contigo para ampliar sus proyectos. Así fue como fui para estar un año y me quedé diez.
Este es el gran secreto de cualquiera actividad pero más de la sanidad, el control de lo que cada uno hace, pero todos y con la misma medida de valoración, empezando por el Consejero o el Ministro, quienes sin duda están muy orgullosos de serlo pero que tienen que merecer que lo estén los ciudadanos.

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jueves, agosto 07, 2008

LA SANIDAD PUEDE PERO NO DEBE SER EMPRESA

La sanidad de un país puede ser lucrativa, como puede existir el hambre o la guerra, pero no debería serlo, porque está destinada a obtener el mayor beneficio de un ser humano. Digo bien un ser humano, en singular, no una sociedad que tiene enfermedades, que pasa hambre, que muere en la guerra, sino personas que sufren individualmente, posiblemente, entre muchas otras que también sufren, pero nunca de la misma forma. Pretender justificar las barbaries individuales por las necesidades sociales solo es explicable en los casos de catástrofes.
Hace más de un año leí la traducción francesa de “The economics of innocent fraud” (Houghton Mittlin Company, 2004) que se podría traducir por “Las mentiras inocentes de la economía” (Gasset, 2004), escrito por John Kennetb Galbraitb, economista estadounidense que fue presidente de la “American Economic Association”, sobradamente conocido en el mundo.
He vuelto a leerlo y creo que el tiempo confirma las inestables bases de nuestra economía de mercado, también llamada de libre comercio o cambio y en su origen simplemente capitalismo. En la inestabilidad del sistema, sin duda, han colaborado y colaboran las inocentes mentiras que poco a poco, según conveniencia, se han añadido, comenzando por robar, sin importancia, una gallina y terminando por robar naciones enteras.
Es importante que una mentira sea inocente porque eso excluye de toda responsabilidad y evita el sentimiento de culpabilidad, especialmente cuando son legales y dichas por una autoridad.
Ante el alto riesgo de bancarrota general que se produjo en la primera década del siglo XX, la I Guerra Mundial, la especulación inmobiliaria de Florida, la explotación de la Bolsa en los años 20, el “krach” de 1929 y los 10 años que siguieron de Gran Crisis, el capitalismo adquirió tan mala reputación que fue considerado de naturaleza autodestructora, motivando nuevas reglamentaciones anti-monopolio, el control de las finanzas e incluso el cambio de nombre
Después de
la II Guerra Mundial, la economía de mercado, quería decir respeto al consumidor, sumisión al cliente, pero, poco a poco, la inercia propia de la empresa ha obligado a estimular la demanda de los productos nuevos, utilizando la publicidad, el llamado “marketing” y cuantos medios sean necesarios para manipular a dicho consumidor, fijando los precios, creando la demanda, volviendo al primitivo capitalismo, con otra denominación y con una nueva mentira inocente. Es difícil aceptar que la sanidad de un país se deje arrastrar por esa inercia, porque terminaríamos inventando enfermedades (“El colesterol”: www.dermocosmos.com) y yogures que remplazan los medicamentos e incluso medicamentos inútiles.
Otra de las buenas mentiras inocentes de la economía es el PIB (Producto Interior Bruto), es decir el conjunto de bienes y servicios, tan importante para el empleo, los salarios, servicios y productos útiles para el bienestar de todos los días, pero no para ser considerado paradigma del triunfo social, porque no hay que olvidar que su distribución viene impuesto por los productores, y estos nunca se acuerdan de la educación, la salud, el arte, la literatura y de la cultura en general, salvo si se llama cultura general a lo que solo da beneficios (hay sectas que cobran por dar conferencias sobre la influencia moral de fuerzas místicas provenientes del centro de la tierra y lo llaman metafísica). Hoy hay “profesores” y “sabios” para todo lo que de beneficios.
Para seguir con alguna más de las muchas mentiras inocentes que hay en la empresa, Galbraitb cita la creencia generalizada de la importancia del inversor, el accionista, cuando en realidad es el equipo de dirección, en particular el director, quienes detentan el máximo poder, lo que me recuerda la creencia generalizada entre los ciudadanos de la importancia de los médicos en la salud, cuando en realidad no tienen ni el más elemental poder de citar a su paciente cuando lo consideren necesario, porque para el equipo director no es su paciente, es el de cualquier médico. En ambos casos, la empresa y algunos sistemas sanitarios, cuando más, hacen asambleas generales o comités técnicos-asistenciales (cualquier nombre es bueno), muy parecidos a los oficios religiosos, donde hay mucha liturgia pero pocos cambios en el proyecto directorio.
Creo que los momentos actuales de crisis mundial me son propicios para criticar la gran mentira de que los expertos pueden anticipar el comportamiento de la economía, aceptando ciclos de bonanza y de dificultades, porque el futuro depende de los dudosos comportamientos políticos, de las empresas a nivel mundial, de la paz o de la guerra, de las nuevas tecnologías, de los movimientos de los capitales, de los consumidores, inversores y de tantos y tantos desconocidos de los que nadie puede hablar con certeza.
Y me pregunto, con tantas y tantas mentiras inocentes que pululan en la economía de mercado, desde hace más de un siglo, ¿cómo se pueden aceptar los mismos parámetros para la llamada economía sanitaria? Aunque solo sea por inexperiencia, la economía sanitaria estaría muy contaminada y sería muy ignorante, lo que no sería una deshonra pero sí una desgracia.

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lunes, julio 28, 2008

LA SANIDAD ESPAÑOLA

Desde hace años es frecuente leer y oír que la sanidad española es una de las mejores del mundo, si no dicen o escriben que es la mejor, con ejemplos pretendidamente convincentes, como el hecho de que sea de asistencia universal (sin aumentar los gastos en relación a cuando no lo era), que nuestros médicos sean muy apreciados en otros países (como los españoles aprecian a los sudamericanos, porque los necesitamos y ganan más), que de países tan desarrollados como Alemania o el Reino Unido vengan enfermos a hacerse trasplantes (porque es más barato que en sus países, pero en Alemania e Inglaterra saben hacer los mismos trasplantes), que nuestro sistema de formación de los médicos sea ejemplar, por la alta selectividad que tiene ( era, cuando los hospitales eran universitarios y los MIR tenían enseñantes voluntarios) y otras muchas lindeces.

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde hay listas de espera?. Un solo día de espera, un solo día, aunque el enfermo no tenga nada, es un día de angustias y sufrimientos de un ser humano. Dejen las conocidas disculpas de que somos muchos, de que no se pueden evitar y que el pretender no tenerlas es una utopía, que ningún enfermo esta abandonado porque puede ir a urgencias y cientos más que se pueden añadir. Si somos muchos pongan más medios y si no dimitan o hagan dimitir, que deben diferenciar entre el elegido y el nominado. Hace veinte años no existían y todavía hoy en algunos centros no existen y en los paises avanzados no existen. Copien del pasado o de los buenos del presente. En urgencias no abandonan a nadie pero no hacen consultas normales.

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde limitan el tiempo de consulta? Los protocolos, la medicina basada en la evidencia, los análisis, exámenes complementarios y otras técnicas, nunca remplazaran a la metodología histórica de hablar con el enfermo, explorarle y hacer el diagnóstico diferencial, para llegar al diagnóstico probable o seguro que facilita un tratamiento correcto, entre otras cosas, porque no hay enfermedades sino enfermos. Los que limitan el tiempo son tan inocentes como los enfermos que se enfadan porque tenían consulta a las 11 de la mañana y son recibidos a las 12, sin darse cuenta de que cuando ellos están siendo consultados no tienen prisa y pretenden contar hasta cuando se casa su hija.

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde los enfermos no escogen a su médico? No repitan lo de la organización necesaria para tantos usuarios, porque más usuarios tiene cualquier banco y no obliga a ir siempre a la misma sucursal. Tampoco digan lo de la confidencialidad porque la centralización de las historias clínicas tiene menos confidencialidad que el más elemental sistema informático. Busquen las razones por las que un enfermo no puede ir al médico que desee, de la ciudad que desee, el día que desee. No he dicho de ir a las dos de la madrugada al ambulatorio del barrio, sino a las horas habituales (por cierto, en Ginebra siempre ha habido consultas normales por la tarde e incluso consultas especializadas a domicilio)

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde los enfermos pueden ser vistos, por la misma enfermedad, por tres, cuatro y más médicos diferentes? Escrito y dicho está que los enfermos actuales tienen la ventaja de estar muy bien informados porque pueden tener varias opiniones de diferentes médicos e incluso pueden contrastarlo con las informaciones de Internet. Quien escribe y dice eso o no es médico o nunca ha ejercido como tal o es un ignorante (lo que no es una deshonra, pero si una desgracia), porque la medicina no es una ciencia exacta y siempre hay que hacer el diagnóstico diferencial (dilucidar los posibles diagnósticos), pero no entre varias personas de distinta experiencia y formación, sino el propio médico responsable cumpliendo con la metodología que llamamos histórica. El dicho popular dice “un médico cura, dos dudan y tres muerte segura”. Claro que si lo de la información con varias opiniones pretende justificar la mala organización del sistema de distribución de los médicos, volvemos a la propaganda inocente, llamando ventaja a lo que es una desventaja para el enfermo.

La propaganda inocente se repite fácilmente en sanidad y a fuerza de hacerlo, no solo los enfermos sino hasta los propios médicos llegan a creerla. Ejemplo: "La gestión privada de la salud puede ser un 20% más barata que la pública". Una de dos o los que dirigen la pública lo hacen muy mal y deben dimitir o los accionistas de la privada son unos “pied-tendre” que merecen el Premio Nobel de la Paz.

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jueves, julio 17, 2008

LA GESTIÓN SANITARIA

Siempre es agradable escuchar o leer frases como: “los médicos deben hablar con sus pacientes, dando esperanzas, ya que el optimismo y la esperanza también tienen valor curativo” (Luís Rojas Marcos; XXIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria), en contraste con la idea de una sanidad empresarial que pretende ser productiva, con la excusa de buscar la salud, inventándose cuantas falsas premisas, gestoras y sanitarias, sean necesarias.
Nada tiene que ver la gestión sanitaria con la economía de una empresa productiva porque los conceptos de productividad, eficacia, eficiencia, rentabilidad, calidad, etc., no son equiparables, como no lo son los conocimientos y experiencias de los economistas monetarios con los gestores sanitarios. La economía clásica tiene siglos y siempre relacionada con el dinero, mientras que la gestión sanitaria llegó a los hospitales, alrededor de 1985, por un anuncio del INSALUD que buscaba economistas, abogados, etc. (Flor de Colmenares; Noticias Médicas nº 3913, página 10, diciembre 2007) y siempre está relacionada con un ser humano.
La pretensión de equiparar una economía con la otra ha hecho que la sanidad esté subordinada a la gestión económica pero, aunque durante años se ha utilizado la inercia y buena voluntad de los expertos sanitarios para propaganda de la labor de los gestores, ya se está agotando y empieza a sobrevivir únicamente la burocracia y la tecnología, lo que está lejos de disminuir los gastos sanitarios.
La mejor, más barata y única gestión sanitaria es tratar correctamente al enfermo, intentando resolver o mejorar sus necesidades o angustias, respetando la metodología que desde hace siglos tiene la medicina: hablando con el enfermo o sus allegados, cuanto tiempo sea necesario, para hacer una correcta historia clínica; explorando los síntomas del enfermo; pidiendo los exámenes y análisis necesarios para corroborar lo escuchado y explorado; haciendo el diagnóstico diferencial que, por deducción, termina en un diagnóstico; instaurando el tratamiento según el diagnóstico; y comprobando que el tratamiento ha funcionado.
El Dr. Rojas Marcos tiene razón hay que hablar mucho con el enfermo porque en todo el proceso de una consulta médica no solo se debe de buscar el diagnóstico y tratamiento sino también le información y educación, dado que delante del médico no está un objeto sino un ser humano que necesita comprender.
Dicho lo dicho, ¿alguien puede creer que tiene el derecho de imponer al médico un límite de tiempo para que cumpla bien con su trabajo?, ¿alguien puede creer que es bueno que el mismo enfermo, por la misma enfermedad, vea en cada consulta a un médico diferente?, ¿alguien puede creer que es productivo hacer muchos análisis sin hablar con el enfermo?, ¿alguien puede creer que hacer estadísticas es básico para el comportamiento del médico?, etc., etc. Tendrán derecho a creerlo, porque no todas las leyes son morales, pero permítanme creer que esa medicina malgasta dinero, tiempo y arriesga la salud de las personas.
Nadie ha demostrado que para ser un buen Ministro o Consejero de sanidad sea necesario ser abogado o ingeniero, por muchos consejeros que tenga. “En estos momentos no es moderno ni progresista que sean los políticos y los gestores los que estén marcando el futuro de nuestro sistema sanitario” (Joan Gené Badía; Noticias Médicas nº 3909, página 27, octubre 2007)

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domingo, febrero 24, 2008

LA RECETA MÉDICA

¡Lo que nos faltaba!, ampliar las discusiones sobre si, por falta de médicos, es necesario impórtalos de otros países, hacer que vuelvan los que se han ido, contratar a residentes como si fuesen adjuntos, que las enfermeras puedan recetar, etc. etc. No sigan haciendo chapuzas. Ya es suficiente con las listas de espera (de cualquier tipo), las agendas reductoras del tiempo de consulta, las limitaciones de prescripción médica, la escasa participación de los llamados Hospitales Universitarios en la formación de los licenciados en medicina, la reducida participación de la Facultad de Medicina en la formación de los Especialistas, las condiciones de los contratos a los profesionales sanitarios y, en general, la dependencia de una burocracia independiente de la labor médica, que no deberían de existir.

La medicina consiste en una persona enferma, o que piensa que lo está, y un experto que intenta resolver o mejorar las necesidades o angustias de ese enfermo, paciente, usuario, cliente, sufriente, indispuesto, angustiado, doliente..., en el momento que lo necesita (Piel 17:93-96, 2002).

Desde siempre el experto, para cumplir su función, debe seguir una metodología bien establecida: historia clínica, exploración, exámenes complementarios, diagnóstico diferencial, diagnóstico definitivo, tratamiento y control del tratamiento. Sin respeto a esta metodología no hay medicina correcta, ni salud pública o privada adecuada, ni gestión sanitaria que se precie, por muchos hospitales que se hagan o muchos aparatos que se compren.

La única gestión sanitaria posible es la de respetar esos principios metodológicos elementales y a quienes tienen la obligación de aplicarlos, se llame residente, enfermera, médico, especialista, farmacéutico, o lo que sea. El problema está en que quien los aplique los sepa aplicar y sea responsable de lo que hace. Si una enfermera, o quien sea, sabe llegar correctamente a un diagnóstico, sin duda sabrá aplicar el tratamiento y puede recetar, pero si pretende administrar o recetar fármacos quien no hace el diagnóstico en el momento de recetarlos, basándose en que el enfermo es crónico y siempre se medica igual, está haciendo algo médicamente incorrecto y con alto riesgo para el enfermo.

Es duro tener que repetir siempre que no existen enfermedades, sino enfermos y lo que aparentemente es benigno, cuando menos se espera, se puede transformar en maligno y hay que saber cambiar de diagnóstico y por consiguiente de tratamiento. Los protocolos, la llamada medicina basada en la evidencia, las comisiones, los llamados informes, etc. etc., que con tanta facilidad son utilizados por los administradores, nunca son ejecutivos (ni siquiera en la ONU), siempre son consultivos, y ningún médico, enfermero, farmacéutico o quien sea puede ser obligado a que cumpla lo que dicen.

No está mal que el Ministerio de Sanidad haga una normalización de las intervenciones para la práctica de la enfermería (NIPE), donde considera cerca de 200 intervenciones normalizadas, con otros tantos medicamentos y productos sanitarios, que pretenden adaptarse a un programa o protocolo de decisiones, pero ese proyecto debe ser muy bien estudiado para que la responsabilidad del actuante sea proporcional a sus conocimientos o a las circunstancias de urgencias. Para aplicar una vacuna no se suele necesitar un diagnóstico sino simplemente las condiciones generales adecuadas para todo el mundo. Para asistir a un caso de riesgo vital, cuando no hay más expertos, son suficientes los protocolos, pero hacer un tratamiento anticoagulante cuando es una hemorragia es grave y solamente puede ser responsable quien lo hace, sin la excusa de que es un enfermo crónico que, por orden del médico, llevaba años tomando anticoagulantes.

No quiero discriminar ninguna profesión porque hace más 15 años que el Reino Unido ha potenciado las intervenciones de las enfermeras y según parece ha sido un avance, pero también es verdad que han necesitado un reciclaje y son tan responsables de sus actos como cualquier profesional, con los límites bien marcados según su formación y competencia.
En medicina, como en educación, los fracasos y los éxitos aparecen 10-15 años más tarde y es por lo que casi todos los errores, incluida la falta actual de médicos, es por la pretensión de nuestros administradores de ponerse medallas cuando ellos gobiernan. Era muy bonito desarrollar un solo sistema de formación médica, separar las Facultades de Medicina de la Sanidad pública, rechazar a los médicos extranjeros que solo querían una formación para regresar a su país, no legislar las funciones de cada estamento, establecer listas de espera, imponer tiempos de consulta, asociar normas de protocolos, etc. Durante años ha funcionado por la inercia, pero ahora ya cada uno se limita a sus obligaciones y los MIR tienen que aprender entre ellos, los estudiantes hacen prácticas prestadas por un sistema sanitario que les distribuye en ambulatorios, los médicos extranjeros no vienen si no es por emigración obligada, etc. Es fácil destruir pero ahora va a costar años la reconstrucción. La medicina nunca podrá ser gestionada como una empresa, salvo si se antepone el valor del dinero al de los seres humanos.

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sábado, febrero 16, 2008

EL CASO DE LEGANÉS

Debe ser muy humano que, de vez en cuando, todos nos empecinemos con razonamientos del corazón que hacen imposibles los razonamientos de la razón y por consiguiente los diálogos civilizados. Una sola palabra sirve para mantener involuntariamente el empecinamiento.
Hoy he leído en la Revista Médica, página 18, de Febrero, año VIII, núm. 85, el siguiente título: “La Audiencia Provincial cierra el caso Leganés sin asumir que hubo mala praxis”. ¿Por qué añaden lo de “sin asumir”?, porque el corazón de quien escribe la noticia piensa que hubo mala praxis y la Audiencia Provincial de Madrid no lo dice, confirmando el sobreseimiento del caso del Hospital “Severo Ochoa”, de Leganés.
No importa que haya habido sobreseimiento, lo que importa es que el corazón del informante dice que hay dudas sobre si hubo o no mala praxis, porque el subconsciente se encarga de interpretar el resto, aunque la misma revista dice que el auto señala: “tampoco habría sido procedente continuar con el procedimiento para acreditar una posible mala praxis o un correcto tratamiento de los pacientes, cuando no es posible acreditar el resultado lesivo, ya que la posible mala praxis dejaría de tener una relevancia penal”. ¿Por qué no han escrito el siguiente título: “La Audiencia Provincial cierra el caso Leganés sin asumir que hubo un correcto tratamiento”? Si no es posible acreditar un resultado lesivo, ¿qué más da que haya habido buen tratamiento, una mala praxis, un saludo correcto o no les hayan dicho buenos días? El corazón del informante quiere decir que si hay mala praxis hay culpabilidad pero, según parece, la razón del juez no está de acuerdo. No he conocido un solo médico que quiera matar voluntariamente a sus enfermos y mucho menos cuando es un equipo de 14 médicos especializados.
El mismo razonamiento cardiaco hace encabezar la noticia con la siguiente frase: “El informe del Colegio Médico confirmó 34 sedaciones irregulares”, olvidando la razón del mismo juez, que dice: “Se ha puesto de manifiesto errores en la valoración de las historias clínicas de los pacientes fallecidos, casos en los que se de­cía que no se había tratado la en­fermedad de base y que estando en coma hipoglucémico fue seda­da, cuando parece que la gluce­mia fue revertida y el coma se produjo por un shock séptico con paro multiorgánico, momento en el que fue sedada", además de otras muchas críticas.
Es bastante frecuente, en España, que los responsables de cualquier cosa apoyen sus decisiones en los informes de comisiones que ellos mismos organizan, como si ello les exonerase de responsabilidad, cuando ni siquiera las comisiones de la ONU o de la OMS tienen poder ejecutivo, son siempre consultivas. Es algo llamativo para los que hemos vivido en países más desarrollados.
En España es frecuente formar comisiones de expertos haciendo un llamamiento público a voluntarios, lo que se traduce en una invasión de pretendidos expertos que consideran un motivo de prestigio, autoridad y liberación del trabajo habitual, cuando lo normal es que, el interesado en formar una comisión, no busque a los expertos haciendo una llamada pública, sino que se moleste en convencer a los que desde hace muchos años tienen un reconocido prestigio en los temas que van a someterse a dicha comisión. Claro está, esto suele ser más difícil, porque el verdadero experto suele defenderse para no gastar un tiempo que necesita para sus trabajos habituales. Siempre recordaré aquel jefe de servicio sanitario y catedrático de universidad que, al aclararle las funciones de la comisión que presidía, me dijo que eso era política, por lo que se ganó la respuesta de que eso era civismo.
Y sigo pensando que esa asignatura sobre la ciudadanía, que tanto se ha discutido estos últimos tiempos, no solo se debería enseñar a los estudiantes sino a un buen número de adultos, especialmente a los que dicen ocupar puestos de alta responsabilidad.

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viernes, abril 06, 2007

LAS LISTAS DE ESPERA

¿Cómo es posible que se acepte con tanta facilidad la existencia de listas de espera quirúrgicas, diagnósticas o de lo que sea, relativo a la salud de los seres humanos? ¿Cómo se puede aceptar que en junio de 2006 hubiera cerca de 175000 españoles esperando una me­dia de más de 90 días para ser controlada su enfermedad? ¿Cómo se puede entender que en unas regiones se espere hasta tres veces más que en otras para operarse cataratas, hernia u otra enfermedad? ¿Cómo se puede hablar de pruebas diagnosticas si el diagnostico es el fin del proceso que comienza por la historia clínica, para seguir con la exploración, los exámenes complementarios (no sé por qué los llaman pruebas diagnósticas) y el diagnóstico diferencial?. El diagnóstico no suele depender de una prueba.

Ya conozco todas las explicaciones que dan los administradores, bastantes sanitarios e incluso los más necesitados, los enfermos: que somos muchos los que acudimos al médico, que es un gasto excesivo, que las técnicas han complicado los métodos, que hay factores psico-sociales, etc., etc.

No se lo crean, ni en medicina ni en enseñanza, no somos tantos, ni gastamos excesivamente, ni las técnicas deben cambiar los métodos y en caso de que fuese así no es nuestro problema, es problema de quines nos administran, porque ni queremos ser ignorantes ni suicidarnos. Un solo niño, uno solo, que esté en cualquier sitio menos en la escuela cuando debe de estar en ella, demuestra que la enseñanza en ese país no funciona y un solo enfermo, uno solo, que esté esperando al sanitario cuando debe de ser atendido por él, demuestra que la sanidad en ese país no funciona, independientemente de que el niño sea tan torpe que aunque estuviera en la escuela tampoco aprendiera nada o de que el enfermo aunque estuviera atendido por el experto sanitario no le hubiera servido de nada.

Está claro que todo tiene sus límites y no es lo mismo el enfermo con un traumatismo carneo-encefálico, un infarto, etc. que el que tiene un catarro, una gastritis, etc. pero no son los demás quines tienen que juzgar la gravedad o importancia de cada caso, sino el propio interesado. He conocido lo que se podría considerar falso enfermo pero que durante varios días no dormía por la angustia de saber si tenía el SIDA. Para los demás no tenía razones de tener esa angustia pero para él se convertía en enfermedad y necesitaba resolver la duda lo más rápidamente posible.

También conozco la respuesta. “cuando alguien necesita rápidamente una consulta no tiene más que presentarse en urgencias de cualquier centro sanitario y será atendido”. Sin duda, y es lo que está ocurriendo todos los días en las urgencias, que resuelven el problema de saber si es o no es urgente pero no resuelven el problema de la espera para tener un diagnóstico y un tratamiento correcto. Nadie, en urgencias, va a explicar al angustiado del SIDA que no lo tiene, que la urticaria que padece y que le obliga a ducharse todos las noches a las cuatro de la madrugada, porque no puede dormir a causa de los picores, proviene de unos parásitos intestinales o una sinusitis, etc., porque en urgencias no tienen tiempo de hacer la metodología indispensable para cada enfermo que no sea urgente y al del SIDA pretenderán tranquilizarle con buenas palabras, sin aclarar si ha tenido practicas de riesgo y mucho menos seguir la cadena epidemiológica y a la urticaria con prednisona intramuscular u oral, que permite descansar 3-4 días pero no el mes o meses que tiene que esperar para que le vea el especialista.

Las urgencias deben servir para resolver las auténticas urgencias no para tranquilizar a los necesitados de consultas normales y eso se resuelve considerando al enfermo como el más capacitado para valorar su situación.

No conozco enfermo que acuda al médico para distraerse, ni que no tenga sentido de la importancia de su enfermedad, lo que le permite mantener una espera prudencial, antes de acudir a la consulta. A nadie le gusta perder el tiempo y lo habitual es intentar resolver el problema con los remedios más conocidos y el reposo. Si esa espera no le convence es cuando acude al experto. Es el propio enfermo quien debe decidir, porque si cuando piensa que necesita a un médico no lo tiene, a la propia enfermedad se añadirá la angustia del abandono y la impotencia. Si los administradores piensan que el enfermo no tiene capacidad para juzgar su estado de salud, edúquenles para que la adquieran, porque incluso después de las explicaciones de las urgencias, durante días, si no son meses, va a necesitar dicha capacidad.

¿Cómo se las apañan los países que no tienen listas de espera?, de la misma forma que nos las apañábamos en España cuando la gestión sanitaria no dependía de la economía sino del adecuado trato al enfermo, siguiendo las normas establecidas desde hace siglos, para lograr el mejor diagnóstico, única forma de no malgastar el dinero de sanidad.

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