SEGUIRÁ LA CRISIS
Como siempre Plantu, en su viñeta de hoy, en el periódico francés Le Monde, acierta. Ante la pregunta de ¿La muerte del capitalismo anglo-sajón?, presenta a un buen clásico americano, fumando un puro, que lleva a hombros, hacia le Calvario, una cruz con el travesaño representando al dólar, respondiendo a los centuriones Obama y Ô Banane (Sarkozy): “A mí me da igual, resucitaré: pronto será la Pascua”.
Es sorprendente lo contentos que están todos los del G20 de ayer, cuando se han limitado a decir que van a hacer lo que desde hace años saben que tienen que hacer y desde hace meses dicen que deben hacerlo. La primera en enfadarse fue la canciller Angela Merkel, clamando castigo para todos aquellos que se habían aprovechado del descontrol financiero, después Sarkozy pidiendo control de los beneficios de las empresas y de los paraísos fiscales, más tarde Gordon Brown hablando de la necesidad de moralizar la economía y por último (antes estaba la limitación de Bush) Obama promoviendo el relanzamiento de la economía y el empleo con el American Recovery and Reinvestment Act.
Quiero creer que todo lo que dicen que van a hacer lo harán pero, por el momento, lo único claro es el billón largo de dólares que administrará el Fondo Monetario Internacional (FMI), institución de tristes recuerdos para la gran crisis asiática de 1997 con extensión a Rusia y America Latina, en particular a la Argentina. ¿Quién no recuerda la crisis prefabricada en 1997 contra Corea del Sur o el cambio de divisa de los especuladores del mercado tailandés o las condiciones impuestas por el FMI a los países que ha prestado, atándoles de pies y manos con altos intereses, disminución de los gastos gubernamentales, subida de impuestos y otras muchas condiciones que reducían al máximo su autoridad? Espero que el acuerdo del G20, de que los dirigentes del FMI y de la Banca Mundial sean nombrados por méritos y especialmente que países emergentes, como China, India y Brasil (nunca se sabe, pueden olvidarse de lo que han sido), al participar en las principales decisiones económicas, moderen un poco el salvajismo liberal del estilo Reagan, Thatcher, Bush y cientos de acólitos que les han precedido y les han bailado el agua.
Sin duda es necesario e incluso insuficiente tanto dinero para lanzar rápidamente la economía anquilosada desde hace cerca de dos años y para que el nuevo presidente tranquilice el primitivismo económico de muchos de sus compatriotas que únicamente quieren volver a las andadas, después de que los demás limpien la toxicidad económica que ellos han producido, con palabras tan bonitas como libre mercado, libertad de empresa y otras muchas que falsean al verdadero capitalismo en el que obligatoriamente debe participar la equidad: “los pobres deben de participar de las ganancias cuando la sociedad prospera, los ricos de los sufrimientos cuando está en crisis.”(Joseph E. Stiglitz. Premio Nobel de economía).
Ahí comienza mi escepticismo, saber cuando van a poner en marcha los controles de las agencias de anotación, de los fondos especulativos, de los salarios y de los bonos de privilegio, sobre lo que dicen que hay que hacerlo pero sin precisar cuando ni cómo. Otro tanto puede decirse de los paraísos fiscales. Hoy mismo han sacado una lista negra y otra gris con la promesa de sanciones para los que no colaboren, sin aclarar que clase de sanciones, ni lo que llaman no colaborar.
Yo se que los paraísos fiscales no desaparecerán, como obligatoriamente tiene que existir el estímulo del éxito con grandes recompensas, pero también sé que el crecimiento económico sin control siempre está dominado por el egoísmo y la teoría de que si hay mucha riqueza termina beneficiando a los pobre nunca se ha producido en la historia de la humanidad.
Me alegro mucho de que Gordon Brown piense que ha nacido un “nuevo orden económico”, de que la canciller alemana considere la reunión de Londres como “un compromiso histórico para una crisis excepcional”, de que el presidente francés esté contento porque cree haber logrado más de lo que pensaba, pero me temo que si no siguen trabajando rápidamente para corregir, de forma clara, los abusos de los que ocultan miles de millones con legalidades inmorales (privilegios especulativos) o inmoralidades legales (dinero negro de los paraísos fiscales), Plantu tendrá razón, el capitalismo anglo-sajón resucitará.
Es sorprendente lo contentos que están todos los del G20 de ayer, cuando se han limitado a decir que van a hacer lo que desde hace años saben que tienen que hacer y desde hace meses dicen que deben hacerlo. La primera en enfadarse fue la canciller Angela Merkel, clamando castigo para todos aquellos que se habían aprovechado del descontrol financiero, después Sarkozy pidiendo control de los beneficios de las empresas y de los paraísos fiscales, más tarde Gordon Brown hablando de la necesidad de moralizar la economía y por último (antes estaba la limitación de Bush) Obama promoviendo el relanzamiento de la economía y el empleo con el American Recovery and Reinvestment Act.
Quiero creer que todo lo que dicen que van a hacer lo harán pero, por el momento, lo único claro es el billón largo de dólares que administrará el Fondo Monetario Internacional (FMI), institución de tristes recuerdos para la gran crisis asiática de 1997 con extensión a Rusia y America Latina, en particular a la Argentina. ¿Quién no recuerda la crisis prefabricada en 1997 contra Corea del Sur o el cambio de divisa de los especuladores del mercado tailandés o las condiciones impuestas por el FMI a los países que ha prestado, atándoles de pies y manos con altos intereses, disminución de los gastos gubernamentales, subida de impuestos y otras muchas condiciones que reducían al máximo su autoridad? Espero que el acuerdo del G20, de que los dirigentes del FMI y de la Banca Mundial sean nombrados por méritos y especialmente que países emergentes, como China, India y Brasil (nunca se sabe, pueden olvidarse de lo que han sido), al participar en las principales decisiones económicas, moderen un poco el salvajismo liberal del estilo Reagan, Thatcher, Bush y cientos de acólitos que les han precedido y les han bailado el agua.
Sin duda es necesario e incluso insuficiente tanto dinero para lanzar rápidamente la economía anquilosada desde hace cerca de dos años y para que el nuevo presidente tranquilice el primitivismo económico de muchos de sus compatriotas que únicamente quieren volver a las andadas, después de que los demás limpien la toxicidad económica que ellos han producido, con palabras tan bonitas como libre mercado, libertad de empresa y otras muchas que falsean al verdadero capitalismo en el que obligatoriamente debe participar la equidad: “los pobres deben de participar de las ganancias cuando la sociedad prospera, los ricos de los sufrimientos cuando está en crisis.”(Joseph E. Stiglitz. Premio Nobel de economía).
Ahí comienza mi escepticismo, saber cuando van a poner en marcha los controles de las agencias de anotación, de los fondos especulativos, de los salarios y de los bonos de privilegio, sobre lo que dicen que hay que hacerlo pero sin precisar cuando ni cómo. Otro tanto puede decirse de los paraísos fiscales. Hoy mismo han sacado una lista negra y otra gris con la promesa de sanciones para los que no colaboren, sin aclarar que clase de sanciones, ni lo que llaman no colaborar.
Yo se que los paraísos fiscales no desaparecerán, como obligatoriamente tiene que existir el estímulo del éxito con grandes recompensas, pero también sé que el crecimiento económico sin control siempre está dominado por el egoísmo y la teoría de que si hay mucha riqueza termina beneficiando a los pobre nunca se ha producido en la historia de la humanidad.
Me alegro mucho de que Gordon Brown piense que ha nacido un “nuevo orden económico”, de que la canciller alemana considere la reunión de Londres como “un compromiso histórico para una crisis excepcional”, de que el presidente francés esté contento porque cree haber logrado más de lo que pensaba, pero me temo que si no siguen trabajando rápidamente para corregir, de forma clara, los abusos de los que ocultan miles de millones con legalidades inmorales (privilegios especulativos) o inmoralidades legales (dinero negro de los paraísos fiscales), Plantu tendrá razón, el capitalismo anglo-sajón resucitará.















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