LA CRISIS SIGUE
Seguimos perdiendo el tiempo y la cosa es grave, porque cuanto más tardemos en comenzar a corregir los errores, más difícil será corregirlos. Todo el mundo está de acuerdo en que el mayor error del liberalismo salvaje fue el creer que el mercado se auto-controlaba pero nadie se decide a poner esos controles, entre otras cosas, porque para que funcionen tienen que ser planetarios o al menos continentales.
Mientras tanto seguimos mareando la perdiz con las reacciones más primitivas de proteccionismo, gastos monstruosos del contribuyente para rescatar a bancos y financieros que hasta ahora han sido bastante incompetentes, e intentos de producir mucho y barato a costa de los más necesitados.
Probablemente todo ello es necesario, pero todo y algo más. Para empezar hay que reconocer los errores cometidos, aceptando que los bancos se han comportado como una empresa, cuando en realidad deberían de ser exclusivos intermediarios de la distribución del dinero, con mayor o menor gasto de administración, según el empleo que se haga de ese dinero. No es el fabricante de zapatos o de coches que todos los años tiene que invertir no solo en la administración de la empresa sino en mejorar la calidad y el precio de los zapatos o de los coches, haciendo nuevos modelos que contrarresten la competencia. Los banqueros, como los distribuidores de leche o los médicos y tantos y tantos servicios que no inventan o transforman nada, deben de ser meros intermediarios de las empresas o de las personas pero no empresarios. Lo que no es incompatible con que sean privados o públicos y tengan su correspondiente beneficio.
Está bien que se trate de salvar al sistema bancario pero siempre que no sobrepase las funciones para las que está destinado, mero intermediario y no líder de la economía, porque esa historia de hacer “bancos basura”, donde se acumulen los llamados activos tóxicos, pensando que así se recuperará la confianza necesaria para los circuitos de crédito, puede haber sido útil en situaciones muy locales y particulares, como en Suecia, en 1991, o en Francia, con el Crédit Lyonnais, en 1995, pero esta crisis no es puntual ni local y sería repetir el pasado con los mismos "pirómanos convertidos en bomberos", según expresión del economista Jean-Pierre Lehman. No pasa nada porque se nacionalice el banco que no responda a las funciones para las que está destinado, porque de todas formas, si no se quiere volver al pasado, ese control que todo el mundo dice que es necesario, deberá existir también en la banca privada.
El pasado 5 de febrero escuche, durante hora y media, al Presidente Sarkozy en una televisión francesa y tengo que decir que, salvo en los dos errores, propios del chauvinismo, de considerar al Reino Unido menos industrializado que Francia y la crítica a la deslocalización de algunas empresas francesas al este de Europa, en el resto de respuestas estuve totalmente de acuerdo, especialmente en lo que se refiere al reparto de los beneficios, donde dijo tajantemente que en su opinión toda empresa debería repartirlos con igualdad entre los accionistas, los trabajadores y la amortización.
Esta es la clave de una convivencia económica de larga duración, el sentido de la solidaridad humana, donde no es aceptable la usura sin remordimiento, y repito, salvo para quien, por su genialidad, ha aportado algo necesario y beneficioso para todo el mundo (La Crisis. www.dermocosmos.com), que puede disponer de cuantos millones le produzca su invento.
Está claro que esta idea de Sarkozy de repartir lo beneficios en 33% para cada parte empresarial tiene muchas más dificultades prácticas que hacer borrón y cuenta nueva, pagando el contribuyente lo que sea necesario para eliminar la toxicidad bancaria y el trabajador haciendo más horas y cobrando menos porque, sea lo que sea lo que se decida, en esta crisis se necesita el acuerdo de todos los países llamados industrializados y emergentes; y la mayoría no tiene dificultades para aceptar la “racionalización” del despido, del salario, de las horas e incluso de la edad de los trabajadores, sean albañiles, médicos, profesores o jueces. Cualquier cosa se puede aceptar con buena conciencia, pero luego no nos extrañemos de que niños que viven día y noche con los pollos que cuidan mueran de gripe aviar y, si insistimos, hagamos mutar al virus y terminemos con una epidemia humana mundial (Un foyer animal de grippe aviaire identifié en Chine. Le Monde, 12/02/09).
Termino con las palabras de Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial: “Por último, hemos notado que todo esto no sirve para nada sin una revisión sincera y profunda de nuestros valores y principios éticos fundamentales. Las empresas deben examinar con detalle sus sistemas de remuneración y gobierno. Los empresarios, las autoridades, los reguladores y los consumidores deben reflexionar sobre los excesos de la codicia.” (“Impedir que nuestro mundo se venga abajo”. El País, 05/02/09).
Mientras tanto seguimos mareando la perdiz con las reacciones más primitivas de proteccionismo, gastos monstruosos del contribuyente para rescatar a bancos y financieros que hasta ahora han sido bastante incompetentes, e intentos de producir mucho y barato a costa de los más necesitados.
Probablemente todo ello es necesario, pero todo y algo más. Para empezar hay que reconocer los errores cometidos, aceptando que los bancos se han comportado como una empresa, cuando en realidad deberían de ser exclusivos intermediarios de la distribución del dinero, con mayor o menor gasto de administración, según el empleo que se haga de ese dinero. No es el fabricante de zapatos o de coches que todos los años tiene que invertir no solo en la administración de la empresa sino en mejorar la calidad y el precio de los zapatos o de los coches, haciendo nuevos modelos que contrarresten la competencia. Los banqueros, como los distribuidores de leche o los médicos y tantos y tantos servicios que no inventan o transforman nada, deben de ser meros intermediarios de las empresas o de las personas pero no empresarios. Lo que no es incompatible con que sean privados o públicos y tengan su correspondiente beneficio.
Está bien que se trate de salvar al sistema bancario pero siempre que no sobrepase las funciones para las que está destinado, mero intermediario y no líder de la economía, porque esa historia de hacer “bancos basura”, donde se acumulen los llamados activos tóxicos, pensando que así se recuperará la confianza necesaria para los circuitos de crédito, puede haber sido útil en situaciones muy locales y particulares, como en Suecia, en 1991, o en Francia, con el Crédit Lyonnais, en 1995, pero esta crisis no es puntual ni local y sería repetir el pasado con los mismos "pirómanos convertidos en bomberos", según expresión del economista Jean-Pierre Lehman. No pasa nada porque se nacionalice el banco que no responda a las funciones para las que está destinado, porque de todas formas, si no se quiere volver al pasado, ese control que todo el mundo dice que es necesario, deberá existir también en la banca privada.
El pasado 5 de febrero escuche, durante hora y media, al Presidente Sarkozy en una televisión francesa y tengo que decir que, salvo en los dos errores, propios del chauvinismo, de considerar al Reino Unido menos industrializado que Francia y la crítica a la deslocalización de algunas empresas francesas al este de Europa, en el resto de respuestas estuve totalmente de acuerdo, especialmente en lo que se refiere al reparto de los beneficios, donde dijo tajantemente que en su opinión toda empresa debería repartirlos con igualdad entre los accionistas, los trabajadores y la amortización.
Esta es la clave de una convivencia económica de larga duración, el sentido de la solidaridad humana, donde no es aceptable la usura sin remordimiento, y repito, salvo para quien, por su genialidad, ha aportado algo necesario y beneficioso para todo el mundo (La Crisis. www.dermocosmos.com), que puede disponer de cuantos millones le produzca su invento.
Está claro que esta idea de Sarkozy de repartir lo beneficios en 33% para cada parte empresarial tiene muchas más dificultades prácticas que hacer borrón y cuenta nueva, pagando el contribuyente lo que sea necesario para eliminar la toxicidad bancaria y el trabajador haciendo más horas y cobrando menos porque, sea lo que sea lo que se decida, en esta crisis se necesita el acuerdo de todos los países llamados industrializados y emergentes; y la mayoría no tiene dificultades para aceptar la “racionalización” del despido, del salario, de las horas e incluso de la edad de los trabajadores, sean albañiles, médicos, profesores o jueces. Cualquier cosa se puede aceptar con buena conciencia, pero luego no nos extrañemos de que niños que viven día y noche con los pollos que cuidan mueran de gripe aviar y, si insistimos, hagamos mutar al virus y terminemos con una epidemia humana mundial (Un foyer animal de grippe aviaire identifié en Chine. Le Monde, 12/02/09).
Termino con las palabras de Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial: “Por último, hemos notado que todo esto no sirve para nada sin una revisión sincera y profunda de nuestros valores y principios éticos fundamentales. Las empresas deben examinar con detalle sus sistemas de remuneración y gobierno. Los empresarios, las autoridades, los reguladores y los consumidores deben reflexionar sobre los excesos de la codicia.” (“Impedir que nuestro mundo se venga abajo”. El País, 05/02/09).
Etiquetas: bancos, crisis, economía, liberlismo















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