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lunes, julio 28, 2008

LA SANIDAD ESPAÑOLA

Desde hace años es frecuente leer y oír que la sanidad española es una de las mejores del mundo, si no dicen o escriben que es la mejor, con ejemplos pretendidamente convincentes, como el hecho de que sea de asistencia universal (sin aumentar los gastos en relación a cuando no lo era), que nuestros médicos sean muy apreciados en otros países (como los españoles aprecian a los sudamericanos, porque los necesitamos y ganan más), que de países tan desarrollados como Alemania o el Reino Unido vengan enfermos a hacerse trasplantes (porque es más barato que en sus países, pero en Alemania e Inglaterra saben hacer los mismos trasplantes), que nuestro sistema de formación de los médicos sea ejemplar, por la alta selectividad que tiene ( era, cuando los hospitales eran universitarios y los MIR tenían enseñantes voluntarios) y otras muchas lindeces.

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde hay listas de espera?. Un solo día de espera, un solo día, aunque el enfermo no tenga nada, es un día de angustias y sufrimientos de un ser humano. Dejen las conocidas disculpas de que somos muchos, de que no se pueden evitar y que el pretender no tenerlas es una utopía, que ningún enfermo esta abandonado porque puede ir a urgencias y cientos más que se pueden añadir. Si somos muchos pongan más medios y si no dimitan o hagan dimitir, que deben diferenciar entre el elegido y el nominado. Hace veinte años no existían y todavía hoy en algunos centros no existen y en los paises avanzados no existen. Copien del pasado o de los buenos del presente. En urgencias no abandonan a nadie pero no hacen consultas normales.

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde limitan el tiempo de consulta? Los protocolos, la medicina basada en la evidencia, los análisis, exámenes complementarios y otras técnicas, nunca remplazaran a la metodología histórica de hablar con el enfermo, explorarle y hacer el diagnóstico diferencial, para llegar al diagnóstico probable o seguro que facilita un tratamiento correcto, entre otras cosas, porque no hay enfermedades sino enfermos. Los que limitan el tiempo son tan inocentes como los enfermos que se enfadan porque tenían consulta a las 11 de la mañana y son recibidos a las 12, sin darse cuenta de que cuando ellos están siendo consultados no tienen prisa y pretenden contar hasta cuando se casa su hija.

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde los enfermos no escogen a su médico? No repitan lo de la organización necesaria para tantos usuarios, porque más usuarios tiene cualquier banco y no obliga a ir siempre a la misma sucursal. Tampoco digan lo de la confidencialidad porque la centralización de las historias clínicas tiene menos confidencialidad que el más elemental sistema informático. Busquen las razones por las que un enfermo no puede ir al médico que desee, de la ciudad que desee, el día que desee. No he dicho de ir a las dos de la madrugada al ambulatorio del barrio, sino a las horas habituales (por cierto, en Ginebra siempre ha habido consultas normales por la tarde e incluso consultas especializadas a domicilio)

¿Cómo se puede valorar tan alto un sistema donde los enfermos pueden ser vistos, por la misma enfermedad, por tres, cuatro y más médicos diferentes? Escrito y dicho está que los enfermos actuales tienen la ventaja de estar muy bien informados porque pueden tener varias opiniones de diferentes médicos e incluso pueden contrastarlo con las informaciones de Internet. Quien escribe y dice eso o no es médico o nunca ha ejercido como tal o es un ignorante (lo que no es una deshonra, pero si una desgracia), porque la medicina no es una ciencia exacta y siempre hay que hacer el diagnóstico diferencial (dilucidar los posibles diagnósticos), pero no entre varias personas de distinta experiencia y formación, sino el propio médico responsable cumpliendo con la metodología que llamamos histórica. El dicho popular dice “un médico cura, dos dudan y tres muerte segura”. Claro que si lo de la información con varias opiniones pretende justificar la mala organización del sistema de distribución de los médicos, volvemos a la propaganda inocente, llamando ventaja a lo que es una desventaja para el enfermo.

La propaganda inocente se repite fácilmente en sanidad y a fuerza de hacerlo, no solo los enfermos sino hasta los propios médicos llegan a creerla. Ejemplo: "La gestión privada de la salud puede ser un 20% más barata que la pública". Una de dos o los que dirigen la pública lo hacen muy mal y deben dimitir o los accionistas de la privada son unos “pied-tendre” que merecen el Premio Nobel de la Paz.

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