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sábado, febrero 16, 2008

EL CASO DE LEGANÉS

Debe ser muy humano que, de vez en cuando, todos nos empecinemos con razonamientos del corazón que hacen imposibles los razonamientos de la razón y por consiguiente los diálogos civilizados. Una sola palabra sirve para mantener involuntariamente el empecinamiento.
Hoy he leído en la Revista Médica, página 18, de Febrero, año VIII, núm. 85, el siguiente título: “La Audiencia Provincial cierra el caso Leganés sin asumir que hubo mala praxis”. ¿Por qué añaden lo de “sin asumir”?, porque el corazón de quien escribe la noticia piensa que hubo mala praxis y la Audiencia Provincial de Madrid no lo dice, confirmando el sobreseimiento del caso del Hospital “Severo Ochoa”, de Leganés.
No importa que haya habido sobreseimiento, lo que importa es que el corazón del informante dice que hay dudas sobre si hubo o no mala praxis, porque el subconsciente se encarga de interpretar el resto, aunque la misma revista dice que el auto señala: “tampoco habría sido procedente continuar con el procedimiento para acreditar una posible mala praxis o un correcto tratamiento de los pacientes, cuando no es posible acreditar el resultado lesivo, ya que la posible mala praxis dejaría de tener una relevancia penal”. ¿Por qué no han escrito el siguiente título: “La Audiencia Provincial cierra el caso Leganés sin asumir que hubo un correcto tratamiento”? Si no es posible acreditar un resultado lesivo, ¿qué más da que haya habido buen tratamiento, una mala praxis, un saludo correcto o no les hayan dicho buenos días? El corazón del informante quiere decir que si hay mala praxis hay culpabilidad pero, según parece, la razón del juez no está de acuerdo. No he conocido un solo médico que quiera matar voluntariamente a sus enfermos y mucho menos cuando es un equipo de 14 médicos especializados.
El mismo razonamiento cardiaco hace encabezar la noticia con la siguiente frase: “El informe del Colegio Médico confirmó 34 sedaciones irregulares”, olvidando la razón del mismo juez, que dice: “Se ha puesto de manifiesto errores en la valoración de las historias clínicas de los pacientes fallecidos, casos en los que se de­cía que no se había tratado la en­fermedad de base y que estando en coma hipoglucémico fue seda­da, cuando parece que la gluce­mia fue revertida y el coma se produjo por un shock séptico con paro multiorgánico, momento en el que fue sedada", además de otras muchas críticas.
Es bastante frecuente, en España, que los responsables de cualquier cosa apoyen sus decisiones en los informes de comisiones que ellos mismos organizan, como si ello les exonerase de responsabilidad, cuando ni siquiera las comisiones de la ONU o de la OMS tienen poder ejecutivo, son siempre consultivas. Es algo llamativo para los que hemos vivido en países más desarrollados.
En España es frecuente formar comisiones de expertos haciendo un llamamiento público a voluntarios, lo que se traduce en una invasión de pretendidos expertos que consideran un motivo de prestigio, autoridad y liberación del trabajo habitual, cuando lo normal es que, el interesado en formar una comisión, no busque a los expertos haciendo una llamada pública, sino que se moleste en convencer a los que desde hace muchos años tienen un reconocido prestigio en los temas que van a someterse a dicha comisión. Claro está, esto suele ser más difícil, porque el verdadero experto suele defenderse para no gastar un tiempo que necesita para sus trabajos habituales. Siempre recordaré aquel jefe de servicio sanitario y catedrático de universidad que, al aclararle las funciones de la comisión que presidía, me dijo que eso era política, por lo que se ganó la respuesta de que eso era civismo.
Y sigo pensando que esa asignatura sobre la ciudadanía, que tanto se ha discutido estos últimos tiempos, no solo se debería enseñar a los estudiantes sino a un buen número de adultos, especialmente a los que dicen ocupar puestos de alta responsabilidad.

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