DE LA SANIDAD
No me cansaré de decirlo, si se quiere valorar la calidad de cualquier administrador, hay que preguntarle cuanto dinero destina a la educación y a la sanidad de sus administrados. Mejor aún, hay que preguntar el porcentaje del producto interior bruto (PBI) que destina a estas dos ocupaciones, fundamentales para la sociedad, y compararlas con los países que desde hace un siglo han tenido buena educación y buena sanidad. No conozco ningún país, de los que ahora llamamos desarrollados, que no haya cuidado la enseñanza, la salud y como consecuencia la democracia y el civismo de sus ciudadanos, pero no a trompicones, sino, como las hormigas, continuamente, desde principios del siglo XX, lo que quiere decir que tienen muchos abuelos y pocos analfabetos.
Los administradores saben muy bien que sanidad y enseñanza son dos buenos campos para invertir poco y poder hablar alegremente, porque nadie podrá demostrarles su fracaso hasta después de 10-15 años. Se puede hablar de los muchos hospitales o colegios, que se han hecho, del gran número de estudiantes y enfermos que se han atendido con éxito, de las diferencias con el pasado, etc., porque si el niño ha comenzado sus estudios secundarios a los 8-10 años y los licenciados en medicina a los 17-18, habrá que esperar a que terminen los estudios para saber que el primero no sabe diferenciar el norte del sur y que el segundo no ha estudiado correctamente ningún enfermo. Lo que se llamaba éxito era simplemente la adaptación de todo el mundo a la irresponsabilidad del administrador que, en sus prioridades económicas, ha relegado la enseñanza y la sanidad a posiciones secundarias.
Desde hace años no es raro escuchar en España que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo (algunos no dudan en decir que es el mejor), porque abarca a todos los ciudadanos e incluso, ¡asómbrense!, a los emigrantes, porque nuestros profesionales son tan buenos que incluso otros países, como el Reino Unido, Francia, etc. les acoge con alegría, porque somos el país que mayor número de transplantes hace en el mundo, porque nuestros hospitales están equipados de las mejores condiciones técnicas que existen, porque el enfermo puede acudir al médico de urgencias en cualquier momento y al de atención primaria o especialista con una cita bien determinada, etc. etc.
Hace falta tener la microcirculación facial muy bien controlada para decir que, sin aumentar gastos, hemos pasado del 80% de ciudadanos que tenía asistencia sanitaria al 100% (alguien ha tenido que pagar ese 20% más de asistencia: los enfermos), que los profesionales van a tener 10 minutos por consulta, en lugar de 8 (eso no se dice ni al mecánico, cuando cambia el aceite del coche), que han bajado las listas de espera quirúrgica varios meses (no tiene que haber ni un día de espera y mucho menos de las de diagnóstico, que son las importantes), que nadie está abandonado porque siempre puede acudir a urgencias (alguien tiene que pagar el incremento de atención que no es de urgencias: los enfermos de todo tipo), que nuestro profesionales están muy bien formados porque todas las Facultades de Medicina tienen un Hospital Universitario (¿quién impone su criterio, el gerente del hospital o el rector? El gerente, luego tiene poco de universitario), el sistema MIR es único y modélico (siempre han aprendido por la buena voluntad de los veteranos pero cada vez menos buena voluntad), estan solicitados en los mejores países (les pagan mucho mejor y les tienen más consideración cívica), que hemos construido X hospitales con los mayores adelantos técnicos (lo importante no es construir sino mantener y utilizar y eso no se debe de hacer repartiendo los gastos y personal con los viejos hospitales), que el enfermo tiene derecho a escoger médico y hospital (necesita dos meses a pleno tiempo para cambiar de área sanitaria), que las áreas sanitarias son necesarias para la administración (los bancos no tienen problemas para aceptar a todos los clientes de todo el mundo con las tarjetas de crédito), etc. etc.
No sigo, por hoy. Cuando un político hable de sanidad o enseñanza piense que nunca es exacto porque, si ha hecho algo bueno en uno o ambos campos, no es él quien puede hablar, sino su sucesor que es quien va a recibir los beneficios y si dice que lo va a hacer, tampoco puede hablar, porque ya llega tarde.
Los administradores saben muy bien que sanidad y enseñanza son dos buenos campos para invertir poco y poder hablar alegremente, porque nadie podrá demostrarles su fracaso hasta después de 10-15 años. Se puede hablar de los muchos hospitales o colegios, que se han hecho, del gran número de estudiantes y enfermos que se han atendido con éxito, de las diferencias con el pasado, etc., porque si el niño ha comenzado sus estudios secundarios a los 8-10 años y los licenciados en medicina a los 17-18, habrá que esperar a que terminen los estudios para saber que el primero no sabe diferenciar el norte del sur y que el segundo no ha estudiado correctamente ningún enfermo. Lo que se llamaba éxito era simplemente la adaptación de todo el mundo a la irresponsabilidad del administrador que, en sus prioridades económicas, ha relegado la enseñanza y la sanidad a posiciones secundarias.
Desde hace años no es raro escuchar en España que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo (algunos no dudan en decir que es el mejor), porque abarca a todos los ciudadanos e incluso, ¡asómbrense!, a los emigrantes, porque nuestros profesionales son tan buenos que incluso otros países, como el Reino Unido, Francia, etc. les acoge con alegría, porque somos el país que mayor número de transplantes hace en el mundo, porque nuestros hospitales están equipados de las mejores condiciones técnicas que existen, porque el enfermo puede acudir al médico de urgencias en cualquier momento y al de atención primaria o especialista con una cita bien determinada, etc. etc.
Hace falta tener la microcirculación facial muy bien controlada para decir que, sin aumentar gastos, hemos pasado del 80% de ciudadanos que tenía asistencia sanitaria al 100% (alguien ha tenido que pagar ese 20% más de asistencia: los enfermos), que los profesionales van a tener 10 minutos por consulta, en lugar de 8 (eso no se dice ni al mecánico, cuando cambia el aceite del coche), que han bajado las listas de espera quirúrgica varios meses (no tiene que haber ni un día de espera y mucho menos de las de diagnóstico, que son las importantes), que nadie está abandonado porque siempre puede acudir a urgencias (alguien tiene que pagar el incremento de atención que no es de urgencias: los enfermos de todo tipo), que nuestro profesionales están muy bien formados porque todas las Facultades de Medicina tienen un Hospital Universitario (¿quién impone su criterio, el gerente del hospital o el rector? El gerente, luego tiene poco de universitario), el sistema MIR es único y modélico (siempre han aprendido por la buena voluntad de los veteranos pero cada vez menos buena voluntad), estan solicitados en los mejores países (les pagan mucho mejor y les tienen más consideración cívica), que hemos construido X hospitales con los mayores adelantos técnicos (lo importante no es construir sino mantener y utilizar y eso no se debe de hacer repartiendo los gastos y personal con los viejos hospitales), que el enfermo tiene derecho a escoger médico y hospital (necesita dos meses a pleno tiempo para cambiar de área sanitaria), que las áreas sanitarias son necesarias para la administración (los bancos no tienen problemas para aceptar a todos los clientes de todo el mundo con las tarjetas de crédito), etc. etc.
No sigo, por hoy. Cuando un político hable de sanidad o enseñanza piense que nunca es exacto porque, si ha hecho algo bueno en uno o ambos campos, no es él quien puede hablar, sino su sucesor que es quien va a recibir los beneficios y si dice que lo va a hacer, tampoco puede hablar, porque ya llega tarde.















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