TRATAMIENTO FOTODINÁMICO DEL CÁNCER DE PIEL
Hace años que defiendo la metodología de algunos de los grandes museos europeos, cuando hacen exposiciones comparativas de los grandes pintores, porque hasta los inexpertos llegamos a aprender, sin esfuerzo, detalles fundamentales de la vida y la obra de los autores. Cuando, en la misma exposición, se compara El bufón Pablo de Valladolid, el cuadro titulado Reunión de catorce personajes y el Menipe, de Velázquez con L’acteur, Rouvière en Hamlet, el llamado Les petits cavaliers y Le buveur d’absinthe, de Manet, nadie puede negar la admiración que sentía el impresionista por el español, pero tampoco se puede negar el valor artístico de cada uno, a pesar de su diferente personalidad. Otro tanto se podría decir de Turner, Whistler y Monet, que se hartaron de pintar las aguas del Támesis, en todas las épocas del año, al amanecer, al atardecer, con bruma, con sol brillante y pálido, en nocturnos azules, morados, de oro… o de Van Gogh y Millet o de Picasso y Matisse.
Estos comentarios sobre la importancia didáctica de la metodología en las exposiciones pictóricas vienen a cuento por lo útil que me ha sido la asistencia, los días 16 y 17 del corriente mes, en León, a una reunión de dermatólogos muy especializados en cáncer y cirugía de la piel y en el manejo del láser, precisamente por la posibilidad comparativa de las diferentes técnicas que han expuesto, conservando cada una su utilidad.
Desde hace siglos se sabe que el mejor tratamiento del cáncer es “cortar por lo sano”, es decir la cirugía, pero también se sabe que no siempre, después de la extirpación de la lesión, se puede tener la seguridad de que verdaderamente se ha cortado completamente por lo sano, con lo que, en caso de haber dejado algo del tumor en algún borde de la cicatriz, el cáncer reaparecerá. De ahí la gran variedad de técnicas ingeniosas que existe para reconstruir los defectos producidos por la obligada extirpación total de la lesión, según el tamaño, la localización, la malignidad, etc., mediante injertos de todo tipo de la piel vecina o distante del cáncer original.
El riesgo de que, por exceso de tamaño del tumor o por su problemática localización, el tratamiento quirúrgico no sea total, ha hecho emplear, en muchos casos, la llamada cirugía de Mohs, que no es más que el control de los márgenes de la extirpación, tanto en superficie como en profundidad, mediante el estudio microscópico de toda la pieza quirúrgica, a medida que es extirpada, antes de terminar la intervención.
Comparando los resultados de la cirugía convencional con la cirugía de Mohs, puede entenderse el gran avance terapéutico que representa esta última, para evitar las recidivas, pero, claro está, tanto una como otra necesitan un buen estudio preoperatorio, especialmente en la microcirugía de Mosh, donde no solo hay que valorar el estado general del enfermo, el número y la localización de las lesiones (no es lo mismo quitar 15-20 lesiones en la cabeza que una sola en un muslo) y el resultado estético, sino, fundamentalmente, la necesidad de un quirófano con material quirúrgico adecuado y de un laboratorio anexo con un experto para interpretar las tinciones histopatológicas de los bordes de la pieza extirpada.
La aparición de la terapia fotodinámica pone en evidencia el progreso que representa el evitar la progresión de una o muchas lesiones precancerosas o recientemente transformadas, con buenos resultados estéticos y sin necesitar intervenciones quirúrgicas.
Esta nueva técnica consiste en la destrucción selectiva de células pre-malignas o que ya se han malignizado, respetando las células sanas, mediante la captación, por dichas células que se quiere eliminar, de una sustancia fotosensibilizante (precursores de la hematoporfirina IX) y la posterior exposición a una fuente de luz roja visible, bien dosificada.
Todo es útil, nada se debe despreciar, porque siempre habrá un tumor cutáneo que, por abandono, por su particular agresividad o por su localización, necesite la intervención quirúrgica y un buen número de estas intervenciones necesitaran la comprobación de la completa extirpación pero, sin duda, la correcta aplicación de la terapia fotodinámica hará cada vez menos necesaria la cirugía, porque con un procedimiento sencillo, sin afectar más que a las lesiones nocivas, se pueden tratar muchos focos al mismo tiempo, sin escisiones ni puntos de sutura y por consiguiente con buenos resultados estéticos y gran eficacia antitumoral.
Si añadimos que los tratamientos, en caso de necesidad, se pueden repetir y que cada vez se descubren nuevas virtudes, como la posibilidad de delimitar los bordes tumorales, mediante la fluorescencia derivada del fotosensibilizante, se comprenderá que esta técnica está destinada a evitar la evolución de los tumores de la piel, no melánicos, reduciendo el número de los que puedan necesitar la gran cirugía, más complicada y cara
Insisto, exposiciones comparativas de diferentes técnicas para la misma patología son tan didácticas como las que comparan la técnica de Velázquez con la de Manet para la misma pintura.
Estos comentarios sobre la importancia didáctica de la metodología en las exposiciones pictóricas vienen a cuento por lo útil que me ha sido la asistencia, los días 16 y 17 del corriente mes, en León, a una reunión de dermatólogos muy especializados en cáncer y cirugía de la piel y en el manejo del láser, precisamente por la posibilidad comparativa de las diferentes técnicas que han expuesto, conservando cada una su utilidad.
Desde hace siglos se sabe que el mejor tratamiento del cáncer es “cortar por lo sano”, es decir la cirugía, pero también se sabe que no siempre, después de la extirpación de la lesión, se puede tener la seguridad de que verdaderamente se ha cortado completamente por lo sano, con lo que, en caso de haber dejado algo del tumor en algún borde de la cicatriz, el cáncer reaparecerá. De ahí la gran variedad de técnicas ingeniosas que existe para reconstruir los defectos producidos por la obligada extirpación total de la lesión, según el tamaño, la localización, la malignidad, etc., mediante injertos de todo tipo de la piel vecina o distante del cáncer original.
El riesgo de que, por exceso de tamaño del tumor o por su problemática localización, el tratamiento quirúrgico no sea total, ha hecho emplear, en muchos casos, la llamada cirugía de Mohs, que no es más que el control de los márgenes de la extirpación, tanto en superficie como en profundidad, mediante el estudio microscópico de toda la pieza quirúrgica, a medida que es extirpada, antes de terminar la intervención.
Comparando los resultados de la cirugía convencional con la cirugía de Mohs, puede entenderse el gran avance terapéutico que representa esta última, para evitar las recidivas, pero, claro está, tanto una como otra necesitan un buen estudio preoperatorio, especialmente en la microcirugía de Mosh, donde no solo hay que valorar el estado general del enfermo, el número y la localización de las lesiones (no es lo mismo quitar 15-20 lesiones en la cabeza que una sola en un muslo) y el resultado estético, sino, fundamentalmente, la necesidad de un quirófano con material quirúrgico adecuado y de un laboratorio anexo con un experto para interpretar las tinciones histopatológicas de los bordes de la pieza extirpada.
La aparición de la terapia fotodinámica pone en evidencia el progreso que representa el evitar la progresión de una o muchas lesiones precancerosas o recientemente transformadas, con buenos resultados estéticos y sin necesitar intervenciones quirúrgicas.
Esta nueva técnica consiste en la destrucción selectiva de células pre-malignas o que ya se han malignizado, respetando las células sanas, mediante la captación, por dichas células que se quiere eliminar, de una sustancia fotosensibilizante (precursores de la hematoporfirina IX) y la posterior exposición a una fuente de luz roja visible, bien dosificada.
Todo es útil, nada se debe despreciar, porque siempre habrá un tumor cutáneo que, por abandono, por su particular agresividad o por su localización, necesite la intervención quirúrgica y un buen número de estas intervenciones necesitaran la comprobación de la completa extirpación pero, sin duda, la correcta aplicación de la terapia fotodinámica hará cada vez menos necesaria la cirugía, porque con un procedimiento sencillo, sin afectar más que a las lesiones nocivas, se pueden tratar muchos focos al mismo tiempo, sin escisiones ni puntos de sutura y por consiguiente con buenos resultados estéticos y gran eficacia antitumoral.
Si añadimos que los tratamientos, en caso de necesidad, se pueden repetir y que cada vez se descubren nuevas virtudes, como la posibilidad de delimitar los bordes tumorales, mediante la fluorescencia derivada del fotosensibilizante, se comprenderá que esta técnica está destinada a evitar la evolución de los tumores de la piel, no melánicos, reduciendo el número de los que puedan necesitar la gran cirugía, más complicada y cara
Insisto, exposiciones comparativas de diferentes técnicas para la misma patología son tan didácticas como las que comparan la técnica de Velázquez con la de Manet para la misma pintura.















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