MAS SOBRE LOS MIR
Ahora resulta que debería exigirse una nota mínima obligatoria para aprobar el examen MIR, porque ya se ha terminado el “chollo” de ofertar 2000 plazas para 20000 aspirantes, sin preocuparse de los 18000 sobrantes (se daba por seguro de que eran los peores), y ahora tenemos prácticamente el mismo número de plazas ofertadas que de candidatos, lo que quiere decir que puede haber aspirantes con muy bajo nivel científico que obtengan plaza e incluso se propone hacer un examen al final de la residencia, para estar seguros de que se merece el título de especialista.
¿Alguien ha pensado alguna vez que un sistema único nunca es bueno?, ¿que en docimología no existen pruebas selectivas infalibles?, ¿qué todos son licenciados en medicina?, ¿qué si ahora se convocan 6100 plazas y quedan vacantes 244 es porque algo no ha funcionado?, ¿qué si se van médicos al Reino Unido u otros países es porque aquí algo está peor que allí?, etc., etc.
Ya sé que los partidarios del “excelente”, “único”, sistema MIR que durante más de 20 años ha sido tan elogiado, ahora hablaran solamente del presente y del futuro, porque el pasado ha sido bueno pero los tiempos cambian. Tienen razón, los tiempos cambian pero la misión del dirigente es prever los cambios para que después no tengan que hacer grandes destrucciones, sino simples arreglos. Y esto es especialmente importante en enseñanza y sanidad porque son los dos pilares básicos del desarrollo de un pueblo, aunque tienen el inconveniente de que los resultados, buenos o malos, se ven después de una generación. Cuando un dirigente habla de los éxitos que ha tenido la sanidad o la enseñanza durante su mandato hay que dudar mucho, porque no es posible que sea verdad o si lo es el mérito no es solo suyo sino también de su predecesor. Claro que en estos temas suelen hablar más de lo que van a hacer.
El pasado del sistema MIR no ha sido ni bueno ni malo, ha sido una estructura que tenía que haber sido complementada con otras que suavizasen sus errores. Ha sido buena para la organización administrativa, porque no tenia que hacer previsiones a largo plazo, podía aumentar o disminuir cada año el número de médicos, según las necesidades; eran médicos baratos porque eran los últimos de la escala jerárquica; dóciles porque estaban en formación y esperaban el cerificado final; orgullosos porque habían sido seleccionados entre los mejores; y contentos porque desde el inicio de la formación tenían un salario y prácticamente podían contar con un puesto de trabajo cuando fuesen especialistas. Estas condiciones aparentemente han funcionado, durante algunos años, porque, aunque no estuviese establecido quienes eran sus enseñantes, los miembros del servicio en el que estaban destinados, por inercia y vocación, explicaban cuanto fuese necesario; aunque no estuviese aclarado si eran profesionales o estudiantes, su responsabilidad era relativa puesto que se sobrentendía que estaban bajo la dirección de uno de esos enseñantes; y aunque no siguiesen el programa establecido y, según las necesidades del servicio, se hiciese más de unas cosas que de otras, no importaba porque, al final, sin más valoración que la subjetiva del Jefe del Servicio, se tenía el certificado de especialista.
Pero los tiempos cambian y esos enseñantes voluntarios ya no lo son tanto (ha habido servicios donde los MIR más antiguos han enseñando a los más jóvenes); esa responsabilidad relativa ya no lo es tanto (un MIR tiene la misma responsabilidad jurídica que un profesional); esa seguridad de trabajar, al finalizar la especialidad, ya no lo es tanto (salvo en Medicina Familiar y Comunitaria, Anestesiología y Reanimación, Obstetricia y Ginecología y Medicina Intensiva); y, en resumen, esa formación inicial ha disminuido progresivamente. Y si no que me digan por qué se acuerdan ahora de pedir una prueba objetiva al final de la residencia.
No lo den más vueltas, uno de los más graves defectos del sistema MIR es el haber menospreciado a la Facultad de Medicina. Nadie pude entender que un Licenciado en Medicina y Cirugía no sepa más que la teoría, porque la Facultad no tiene suficiente dinero, ni estructura para hacer auténticas prácticas clínicas, ni auténtica investigación, aunque todos los hospitales del país se hagan llamar universitarios. Ya sé que, sobre el papel, han hecho de todo, pero eso que llaman prácticas, si es que las han hecho, han sido adaptadas a las necesidades del servicio, no a las necesidades del alumno. En un hospital quien manda es el gerente no es el rector y mucho menos el decano. De la investigación mejor es no hablar. Mis estudiantes suizos participaban activamente en las secciones clínicas haciendo ellos mismos las historias clínicas y la exploración, mientras les corregía y les explicaba el profesional de la sección (incluso estaban muy pobremente remunerados).
Por eso he dicho que los sistemas únicos nunca son buenos. En este caso pueden parecer incompatibles el Ministerio de Sanidad, las Universidades y el Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud pero no es verdad, sino al contrario, la discusión entre todos y si es necesario la existencia de varios sistemas siempre es bueno, porque en la competencia está la calidad. Claro está, para el gobernante es más fácil quedarse con uno solo, le da menos problemas, pero el gobernante no está para simplificar las cosas a costa de la calidad. Ni tampoco para hacer cambios bruscos, porque lo que se ha estropeado en años no se resuelve en dos días. De la misma forma que poco a poco lo ha estropeado, poco a poco lo tiene que mejorar, aunque tiene que intentar que sea en menos tiempo.
¡Por favor!, no impongan una nota mínima obligatoria. ¿Se imaginan lo que puede pasar si en lugar de quedar 244 plazas vacantes, quedaran 600-800? Y dejen tranquilos a los extranjeros, que no son ni mejores ni peores que nosotros. Hay de todo, se lo dice quien ha vivido muchos años fuera de España y quien aprovecha para rendir homenaje a salvadoreños como el Dr. Maldonado, ecuatorianos como el Dr. Palacios, colombianos como el Dr. Parra, chilenos como la Dra. Marincovich, para no citar más que algunos de los muchos hispanoamericanos que han pasado por el Hospital Clínico de Madrid.
¡Ah!, se me olvidaba, dejen también tranquilos los idiomas que no sirven más que para entendernos, no para hacer otras demagogias. Cuando hablen de idiomas piensen que desde hace siglos los suizos tienen cuatro idiomas oficiales y en la península de Yucatán hay, también desde hace siglos, 26 idiomas mayas, además del mejicano, y se entienden.
¿Alguien ha pensado alguna vez que un sistema único nunca es bueno?, ¿que en docimología no existen pruebas selectivas infalibles?, ¿qué todos son licenciados en medicina?, ¿qué si ahora se convocan 6100 plazas y quedan vacantes 244 es porque algo no ha funcionado?, ¿qué si se van médicos al Reino Unido u otros países es porque aquí algo está peor que allí?, etc., etc.
Ya sé que los partidarios del “excelente”, “único”, sistema MIR que durante más de 20 años ha sido tan elogiado, ahora hablaran solamente del presente y del futuro, porque el pasado ha sido bueno pero los tiempos cambian. Tienen razón, los tiempos cambian pero la misión del dirigente es prever los cambios para que después no tengan que hacer grandes destrucciones, sino simples arreglos. Y esto es especialmente importante en enseñanza y sanidad porque son los dos pilares básicos del desarrollo de un pueblo, aunque tienen el inconveniente de que los resultados, buenos o malos, se ven después de una generación. Cuando un dirigente habla de los éxitos que ha tenido la sanidad o la enseñanza durante su mandato hay que dudar mucho, porque no es posible que sea verdad o si lo es el mérito no es solo suyo sino también de su predecesor. Claro que en estos temas suelen hablar más de lo que van a hacer.
El pasado del sistema MIR no ha sido ni bueno ni malo, ha sido una estructura que tenía que haber sido complementada con otras que suavizasen sus errores. Ha sido buena para la organización administrativa, porque no tenia que hacer previsiones a largo plazo, podía aumentar o disminuir cada año el número de médicos, según las necesidades; eran médicos baratos porque eran los últimos de la escala jerárquica; dóciles porque estaban en formación y esperaban el cerificado final; orgullosos porque habían sido seleccionados entre los mejores; y contentos porque desde el inicio de la formación tenían un salario y prácticamente podían contar con un puesto de trabajo cuando fuesen especialistas. Estas condiciones aparentemente han funcionado, durante algunos años, porque, aunque no estuviese establecido quienes eran sus enseñantes, los miembros del servicio en el que estaban destinados, por inercia y vocación, explicaban cuanto fuese necesario; aunque no estuviese aclarado si eran profesionales o estudiantes, su responsabilidad era relativa puesto que se sobrentendía que estaban bajo la dirección de uno de esos enseñantes; y aunque no siguiesen el programa establecido y, según las necesidades del servicio, se hiciese más de unas cosas que de otras, no importaba porque, al final, sin más valoración que la subjetiva del Jefe del Servicio, se tenía el certificado de especialista.
Pero los tiempos cambian y esos enseñantes voluntarios ya no lo son tanto (ha habido servicios donde los MIR más antiguos han enseñando a los más jóvenes); esa responsabilidad relativa ya no lo es tanto (un MIR tiene la misma responsabilidad jurídica que un profesional); esa seguridad de trabajar, al finalizar la especialidad, ya no lo es tanto (salvo en Medicina Familiar y Comunitaria, Anestesiología y Reanimación, Obstetricia y Ginecología y Medicina Intensiva); y, en resumen, esa formación inicial ha disminuido progresivamente. Y si no que me digan por qué se acuerdan ahora de pedir una prueba objetiva al final de la residencia.
No lo den más vueltas, uno de los más graves defectos del sistema MIR es el haber menospreciado a la Facultad de Medicina. Nadie pude entender que un Licenciado en Medicina y Cirugía no sepa más que la teoría, porque la Facultad no tiene suficiente dinero, ni estructura para hacer auténticas prácticas clínicas, ni auténtica investigación, aunque todos los hospitales del país se hagan llamar universitarios. Ya sé que, sobre el papel, han hecho de todo, pero eso que llaman prácticas, si es que las han hecho, han sido adaptadas a las necesidades del servicio, no a las necesidades del alumno. En un hospital quien manda es el gerente no es el rector y mucho menos el decano. De la investigación mejor es no hablar. Mis estudiantes suizos participaban activamente en las secciones clínicas haciendo ellos mismos las historias clínicas y la exploración, mientras les corregía y les explicaba el profesional de la sección (incluso estaban muy pobremente remunerados).
Por eso he dicho que los sistemas únicos nunca son buenos. En este caso pueden parecer incompatibles el Ministerio de Sanidad, las Universidades y el Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud pero no es verdad, sino al contrario, la discusión entre todos y si es necesario la existencia de varios sistemas siempre es bueno, porque en la competencia está la calidad. Claro está, para el gobernante es más fácil quedarse con uno solo, le da menos problemas, pero el gobernante no está para simplificar las cosas a costa de la calidad. Ni tampoco para hacer cambios bruscos, porque lo que se ha estropeado en años no se resuelve en dos días. De la misma forma que poco a poco lo ha estropeado, poco a poco lo tiene que mejorar, aunque tiene que intentar que sea en menos tiempo.
¡Por favor!, no impongan una nota mínima obligatoria. ¿Se imaginan lo que puede pasar si en lugar de quedar 244 plazas vacantes, quedaran 600-800? Y dejen tranquilos a los extranjeros, que no son ni mejores ni peores que nosotros. Hay de todo, se lo dice quien ha vivido muchos años fuera de España y quien aprovecha para rendir homenaje a salvadoreños como el Dr. Maldonado, ecuatorianos como el Dr. Palacios, colombianos como el Dr. Parra, chilenos como la Dra. Marincovich, para no citar más que algunos de los muchos hispanoamericanos que han pasado por el Hospital Clínico de Madrid.
¡Ah!, se me olvidaba, dejen también tranquilos los idiomas que no sirven más que para entendernos, no para hacer otras demagogias. Cuando hablen de idiomas piensen que desde hace siglos los suizos tienen cuatro idiomas oficiales y en la península de Yucatán hay, también desde hace siglos, 26 idiomas mayas, además del mejicano, y se entienden.















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