LA CONSULTA MEDICA
A finales de julio del 2007, un autocar con viajeros polacos ha tenido un accidente en una carretera muy pendiente de Francia, con el resultado de 29 muertes y no se cuantos heridos, lo que ha motivado la presencia de los presidentes, polaco y francés, para consolar a los familiar y explicar las causas del desastre. Simplemente que la pendiente prohibía la circulación de camiones y autocares y así estaba bien señalizado, pero el conductor se dejó guiar por el GPS y no vio la señalización. Esta historia me recordó a los médicos que se dejan guiar por los resultados de exámenes complementarios y el enfermo se muere en buena salud.
También en estos finales de julio, había una exposición en el museo del Louvre, titulada “El arte del médico egipcio”, donde exponían un papiro excepcional, del Nuevo Imperio (1550-1050 a. J.C.), de 5 m de largo, escrito por las dos caras, en el que con todo detalle explicaba los métodos quirúrgicos empleados entonces, el diagnóstico de abscesos abdominales, mediante la inspección, palpación y percusión (sin menospreciar a Celsio, el rubor, dolor y calor es muy anterior a él) e incluso el concepto que tenían de las infecciones, que se diseminaban por el aire, que lo hacían de forma centrífuga que podían ser cíclicas, etc. Esta visita me ha recordado que la metodología médica básica tiene miles de años y es fundamental respetar la anamnesis, la exploración, los exámenes complementarios, el diagnostico diferencial, el diagnostico probable o de certeza, el tratamiento y el seguimiento del tratamiento.
Llevo más de 20 años insistiendo en la necesidad de respetar la metodología histórica de la consulta médica y denunciando las constantes tentativas economicistas de nuestro administradores, sean del signo que sean, con las que pretenden inventar la pólvora, estableciendo un tiempo limitado de consulta, unos pretendidos protocolos de diagnostico, basados en unas llamadas pruebas diagnósticas, que más bien intentan tratamientos restrictivos, con justificaciones aceptadas pero inadecuadas.
Si se acepta que un análisis de sangre o un diagnostico por imagen es suficiente para hacer un tratamiento, una consulta médica se limita a preguntar al enfermo lo que le pasa y en cuanto dice que le duele el estomago, la cabeza, la rodilla o lo que sea, pedir una radiografía, ecografía de la zona y unos análisis de sangre, recetar un analgésico y esperar a los resultados. Sea la patología que sea en menos de 10 minutos está resuelto.
Cuando regresa el enfermo puede ocurrir que los síntomas se hayan mejorado por si solos y en ese caso todos estamos contentos porque, incluso si los resultados de los exámenes complementarios no son completamente normales, merece la pena esperar a ver si poco a poco el propio organismo restablece la normalidad y después ya veremos si esos resultados anormales se mantienen o simplemente eran pasajeros. La consulta sigue siendo de menos de 10 minutos.
Cuando siguen o se han agravado los síntomas, el enfermo necesita explicaciones que le den esperanza. Si los resultados de los exámenes complementarios son normales hay bases para esa esperanza. Se puede escoger entre el agravamiento relativo de los síntomas, en cuyo caso se puede seguir igual o cambiar el medicamento por otro más activo o añadir otro complementario y el agravamiento real, en cuyo caso se deriva al enfermo al especialista. La consulta sigue siendo de menos de 10 minutos.
Lo peor es cuando los síntomas son cada vez más graves y hay alguna anomalía en los exámenes complementarios, porque ya no hay explicaciones claras para el enfermo y entonces es seguro que hay que mandarlo al especialista. Esta consulta sigue siendo de menos de 10 minutos.
El especialista puede repetir la misma historia pero ya debe emplear exámenes más especializados, la resonancia magnética, el PET, la histoquímica o la inmunología y las consultas sucesivas siguen siendo de menos de 10 minutos. Siempre se basan en pedir exámenes complementarios.
El principio es el mismo, ver si solamente con el tiempo y los tratamientos sintomáticos se resuelven los problemas, porque al final, si el especialista o el servicio de urgencias ve que los síntomas son cada vez más graves y los exámenes complementarios están muy desequilibrados, se ordena la hospitalización y ya sí se tiene consultas diarias de más de 10 minutos.
Según esta serie de consultas nadie puede decir que no ha recibido la asistencia de un experto, que no se han hecho todas las técnicas necesarias para resolver el problema y en caso de muerte intermedia, sin duda ha sido por otras causas, puesto que para lo que hasta entonces se quejaba el paciente se ha hecho todo lo establecido según los protocolos y las normas científicas.
Este sistema sería perfecto si nadie empeorara de sus síntomas, porque 60 análisis de sangre se meten en una maquina y en media hora se tienen los resultados. Las radiografías y ecografías son más lentas, porque son individuales, pero es poner al enfermo delante del aparato y hacer la foto. Es rápido. El sistema se empeora y encarece en los que se agravan pero, si se hace la estadística, son una minoría, dependiente de la edad y condiciones ambientales.
Desde el punto de vista económicista no hay nada que criticar, es un método aparentemente ahorrativo. Desde el punto de vista humano es otra cosa, porque, incluso el que ha mejorado con el tiempo ha necesitado, como mínimo, una primera consulta al médico, una segunda para la extracción de la sangre, una tercera para la radiografía-ecografía y una cuarta para saber los resultados, cada una de ellas con unos intervalos de tiempo variables pero se puede considerar agraciado si lo resuelve todo en un mes. En el que ha empeorado, estas cuatro consultas se convierten en ocho, lo que quiere decir dos meses (soy optimista), si no son 6 consultas para el generalista y 6 para el especialista y en lugar de una semana para cada consulta es un mes, es decir un año.
¿Alguien se ha imaginado lo que es estar cuatro o seis meses esperando a saber la enfermedad que padece y por tanto la gravedad que tiene? Si se respeta la metodología médica, la mayoría de los enfermos tienen el diagnóstico en la primera consulta y el resto en la segunda a la condición de que no se pida 10 minutos para una consulta y seis meses para una resonancia magnética. La mejor economía sanitaria es el correcto trato del enfermo.
También en estos finales de julio, había una exposición en el museo del Louvre, titulada “El arte del médico egipcio”, donde exponían un papiro excepcional, del Nuevo Imperio (1550-1050 a. J.C.), de 5 m de largo, escrito por las dos caras, en el que con todo detalle explicaba los métodos quirúrgicos empleados entonces, el diagnóstico de abscesos abdominales, mediante la inspección, palpación y percusión (sin menospreciar a Celsio, el rubor, dolor y calor es muy anterior a él) e incluso el concepto que tenían de las infecciones, que se diseminaban por el aire, que lo hacían de forma centrífuga que podían ser cíclicas, etc. Esta visita me ha recordado que la metodología médica básica tiene miles de años y es fundamental respetar la anamnesis, la exploración, los exámenes complementarios, el diagnostico diferencial, el diagnostico probable o de certeza, el tratamiento y el seguimiento del tratamiento.
Llevo más de 20 años insistiendo en la necesidad de respetar la metodología histórica de la consulta médica y denunciando las constantes tentativas economicistas de nuestro administradores, sean del signo que sean, con las que pretenden inventar la pólvora, estableciendo un tiempo limitado de consulta, unos pretendidos protocolos de diagnostico, basados en unas llamadas pruebas diagnósticas, que más bien intentan tratamientos restrictivos, con justificaciones aceptadas pero inadecuadas.
Si se acepta que un análisis de sangre o un diagnostico por imagen es suficiente para hacer un tratamiento, una consulta médica se limita a preguntar al enfermo lo que le pasa y en cuanto dice que le duele el estomago, la cabeza, la rodilla o lo que sea, pedir una radiografía, ecografía de la zona y unos análisis de sangre, recetar un analgésico y esperar a los resultados. Sea la patología que sea en menos de 10 minutos está resuelto.
Cuando regresa el enfermo puede ocurrir que los síntomas se hayan mejorado por si solos y en ese caso todos estamos contentos porque, incluso si los resultados de los exámenes complementarios no son completamente normales, merece la pena esperar a ver si poco a poco el propio organismo restablece la normalidad y después ya veremos si esos resultados anormales se mantienen o simplemente eran pasajeros. La consulta sigue siendo de menos de 10 minutos.
Cuando siguen o se han agravado los síntomas, el enfermo necesita explicaciones que le den esperanza. Si los resultados de los exámenes complementarios son normales hay bases para esa esperanza. Se puede escoger entre el agravamiento relativo de los síntomas, en cuyo caso se puede seguir igual o cambiar el medicamento por otro más activo o añadir otro complementario y el agravamiento real, en cuyo caso se deriva al enfermo al especialista. La consulta sigue siendo de menos de 10 minutos.
Lo peor es cuando los síntomas son cada vez más graves y hay alguna anomalía en los exámenes complementarios, porque ya no hay explicaciones claras para el enfermo y entonces es seguro que hay que mandarlo al especialista. Esta consulta sigue siendo de menos de 10 minutos.
El especialista puede repetir la misma historia pero ya debe emplear exámenes más especializados, la resonancia magnética, el PET, la histoquímica o la inmunología y las consultas sucesivas siguen siendo de menos de 10 minutos. Siempre se basan en pedir exámenes complementarios.
El principio es el mismo, ver si solamente con el tiempo y los tratamientos sintomáticos se resuelven los problemas, porque al final, si el especialista o el servicio de urgencias ve que los síntomas son cada vez más graves y los exámenes complementarios están muy desequilibrados, se ordena la hospitalización y ya sí se tiene consultas diarias de más de 10 minutos.
Según esta serie de consultas nadie puede decir que no ha recibido la asistencia de un experto, que no se han hecho todas las técnicas necesarias para resolver el problema y en caso de muerte intermedia, sin duda ha sido por otras causas, puesto que para lo que hasta entonces se quejaba el paciente se ha hecho todo lo establecido según los protocolos y las normas científicas.
Este sistema sería perfecto si nadie empeorara de sus síntomas, porque 60 análisis de sangre se meten en una maquina y en media hora se tienen los resultados. Las radiografías y ecografías son más lentas, porque son individuales, pero es poner al enfermo delante del aparato y hacer la foto. Es rápido. El sistema se empeora y encarece en los que se agravan pero, si se hace la estadística, son una minoría, dependiente de la edad y condiciones ambientales.
Desde el punto de vista económicista no hay nada que criticar, es un método aparentemente ahorrativo. Desde el punto de vista humano es otra cosa, porque, incluso el que ha mejorado con el tiempo ha necesitado, como mínimo, una primera consulta al médico, una segunda para la extracción de la sangre, una tercera para la radiografía-ecografía y una cuarta para saber los resultados, cada una de ellas con unos intervalos de tiempo variables pero se puede considerar agraciado si lo resuelve todo en un mes. En el que ha empeorado, estas cuatro consultas se convierten en ocho, lo que quiere decir dos meses (soy optimista), si no son 6 consultas para el generalista y 6 para el especialista y en lugar de una semana para cada consulta es un mes, es decir un año.
¿Alguien se ha imaginado lo que es estar cuatro o seis meses esperando a saber la enfermedad que padece y por tanto la gravedad que tiene? Si se respeta la metodología médica, la mayoría de los enfermos tienen el diagnóstico en la primera consulta y el resto en la segunda a la condición de que no se pida 10 minutos para una consulta y seis meses para una resonancia magnética. La mejor economía sanitaria es el correcto trato del enfermo.















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