INTEGRISMO
A todos los que nos creemos poseedores de la verdad, puros de corazón, limpios de pensamiento, portadores de la buena palabra, ejemplos de las buenas conciencias… ¡Qué Dios nos coja confesados!, porque es prácticamente imposible no caer en la soberbia, en la vanidad, en el egoísmo, en el orgullo que lleva al desprecio de los que no tienen nuestra fe.
En nombre de esa fe no queremos el relativismo, la duda, las crisis, los excesos, las desviaciones y ni siquiera la libertad, si no van acompañados de nuestro concepto del bien y del derecho, basados en nuestras convicciones éticas, morales, religiosas, económicas y sociales, lo que nos obliga a ser responsables no solo de nosotros mismos sino de todo y todos los que nos rodean.
Nosotros somos los intelectuales, los sabios, los estudiosos, los experimentados y por tanto los razonadores, los sintetizadores, los lógicos que cuando hablamos, no solo lo hacemos con sólidos fundamentos históricos y actuales, sino que además, conscientes de nuestra responsabilidad y misión, por amor, nos forzamos en sacar a los que no son como nosotros de las tinieblas del error, porque somos los únicos que, por capacidad y selección, podemos diferenciar lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, la verdad de la falsedad, lo bello de lo feo…, somos, cada uno a su nivel, los representantes en la tierra del más bueno entre los buenos, del más justo entre los justos, del más noble entre los nobles…
No quiero decir que no hayamos podido o podamos cometer también errores, especialmente cuando hemos tenido o tenemos que colaborar o convivir con genocidas, terroristas, homicidas, ladrones encubiertos, usureros enmascarados, plutócratas inmorales, pederastas, violadores y otros degenerados sexuales, con toda clase de denominaciones como nazis, fascistas, falangistas, comunistas, dictadores, anarquistas, socialistas, social-demócratas, demo-cristianos, liberales, conservadores o neoconservadores, moderados, extremistas, etc., pero bien sabe Dios que ha sido por evitar males mayores.
No todos están preparados para aceptar esa falsa verdad que hace crecer el escándalo y destruye nuestros sagrados principios. No se puede dejar crecer a un tumor, hay que cortar por lo sano con la tranquilidad de conciencia que nos da el saber que lo hacemos por la patria, el honor y demás formas de vivir que nos han sido inspiradas, pero sobre todo por el supremo guía del mundo, que es quien nos ha dado nuestra más preciada misión.
Solo los débiles, los dudosos, los inseguros, los de poca fe creen que el mal se puede curar sin cirugía, con medicina y paciencia. Se equivocan, solo la medicina del temor, del miedo, del no saber, de la incertidumbre, mantiene al hombre en la buena senda pero si pierde ese respeto a lo desconocido la única terapia es quirúrgica.
Nuestros enemigos creen que somos minoría, porque nunca miran el globo terráqueo. Si lo hicieran verían que cada hambriento, cada enfermo, cada analfabeto, nos pertenecen porque necesitan de una fe, de una seguridad, de un dirigente que les prometa, en la tierra o en el cielo, lo que ahora no tienen. Y cada día somos más.
_______________________
Siempre he tratado de entender a los integristas y siempre me ha parecido propio de la naturaleza humana querer tener el poder, pero nunca me ha parecido humano transgredir los derechos y obligaciones más elementales del hombre usando el chantaje del miedo, con la buena conciencia del que se confiesa sin reparar el daño hecho.
Mi más sentido homenaje a los que dudan y día a día hacen su Dios y su examen de conciencia. Y mi agradecimiento a Rafael Palma por sus versos
¿Es posible vivir, hombre,
cercano al hielo, próximo a la piedra,
sin el alivio de la duda,
sólo el alma cemento y mineral aséptico y lavado?
¿Es posible ser hombre
ebrio por tanto Dios,
ciego por la certeza,
callo el espíritu de tanto
Dios, sin sal de incertidumbre?
Entonces, ¿cómo el alma,
cómo la vida…? Dime, ¿sólo el bloque
sin la veta de oro de la duda,
esa que crea a Dios a cada hora?
… Rafael Palma
En nombre de esa fe no queremos el relativismo, la duda, las crisis, los excesos, las desviaciones y ni siquiera la libertad, si no van acompañados de nuestro concepto del bien y del derecho, basados en nuestras convicciones éticas, morales, religiosas, económicas y sociales, lo que nos obliga a ser responsables no solo de nosotros mismos sino de todo y todos los que nos rodean.
Nosotros somos los intelectuales, los sabios, los estudiosos, los experimentados y por tanto los razonadores, los sintetizadores, los lógicos que cuando hablamos, no solo lo hacemos con sólidos fundamentos históricos y actuales, sino que además, conscientes de nuestra responsabilidad y misión, por amor, nos forzamos en sacar a los que no son como nosotros de las tinieblas del error, porque somos los únicos que, por capacidad y selección, podemos diferenciar lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, la verdad de la falsedad, lo bello de lo feo…, somos, cada uno a su nivel, los representantes en la tierra del más bueno entre los buenos, del más justo entre los justos, del más noble entre los nobles…
No quiero decir que no hayamos podido o podamos cometer también errores, especialmente cuando hemos tenido o tenemos que colaborar o convivir con genocidas, terroristas, homicidas, ladrones encubiertos, usureros enmascarados, plutócratas inmorales, pederastas, violadores y otros degenerados sexuales, con toda clase de denominaciones como nazis, fascistas, falangistas, comunistas, dictadores, anarquistas, socialistas, social-demócratas, demo-cristianos, liberales, conservadores o neoconservadores, moderados, extremistas, etc., pero bien sabe Dios que ha sido por evitar males mayores.
No todos están preparados para aceptar esa falsa verdad que hace crecer el escándalo y destruye nuestros sagrados principios. No se puede dejar crecer a un tumor, hay que cortar por lo sano con la tranquilidad de conciencia que nos da el saber que lo hacemos por la patria, el honor y demás formas de vivir que nos han sido inspiradas, pero sobre todo por el supremo guía del mundo, que es quien nos ha dado nuestra más preciada misión.
Solo los débiles, los dudosos, los inseguros, los de poca fe creen que el mal se puede curar sin cirugía, con medicina y paciencia. Se equivocan, solo la medicina del temor, del miedo, del no saber, de la incertidumbre, mantiene al hombre en la buena senda pero si pierde ese respeto a lo desconocido la única terapia es quirúrgica.
Nuestros enemigos creen que somos minoría, porque nunca miran el globo terráqueo. Si lo hicieran verían que cada hambriento, cada enfermo, cada analfabeto, nos pertenecen porque necesitan de una fe, de una seguridad, de un dirigente que les prometa, en la tierra o en el cielo, lo que ahora no tienen. Y cada día somos más.
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Siempre he tratado de entender a los integristas y siempre me ha parecido propio de la naturaleza humana querer tener el poder, pero nunca me ha parecido humano transgredir los derechos y obligaciones más elementales del hombre usando el chantaje del miedo, con la buena conciencia del que se confiesa sin reparar el daño hecho.
Mi más sentido homenaje a los que dudan y día a día hacen su Dios y su examen de conciencia. Y mi agradecimiento a Rafael Palma por sus versos
¿Es posible vivir, hombre,
cercano al hielo, próximo a la piedra,
sin el alivio de la duda,
sólo el alma cemento y mineral aséptico y lavado?
¿Es posible ser hombre
ebrio por tanto Dios,
ciego por la certeza,
callo el espíritu de tanto
Dios, sin sal de incertidumbre?
Entonces, ¿cómo el alma,
cómo la vida…? Dime, ¿sólo el bloque
sin la veta de oro de la duda,
esa que crea a Dios a cada hora?
… Rafael Palma
Etiquetas: INTRANSIGENCIA













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