LA GRIPE AVIARIA
Todavía existe la tuberculosis, el paludismo, el SIDA y otras muchas enfermedades emergentes y reemergentes (Evelio J. Perea. Epidemias. ¿Una historia de ida y vuelta? HUMANITAS. Humanidades Médicas. Tema del mes. Nº 2, Abril 2006), como posibles epidemias humanas, aunque muchas de ellas, con nuestra facilidad para mirar del lado que nos conviene, no parecen nuestras: son de los países subdesarrollados o, si lo prefieren más fino, en vías de desarrollo. Y mira por donde, ahora nos interesamos por la gripe aviaria, que es una epidemia, pero no humana sino de aves, según parece, de criadero y salvajes, aunque haya habido muertes humanas. Me recuerda la historia de las « vacas locas », enfermedad de Creutz-Feldt-Jakob, que tampoco fue una epidemia humana, aunque hubo muertes humanas, por el insuficiente control de los medicamentos obtenidos de órganos los de animales.
El Síndrome Respiratorio Agudo y Grave (SRAG) y el de la gripe aviar son dos enfermedades víricas aparecidas recientemente en Asia que, en poco tiempo, han metido el miedo en el cuerpo de todo el mundo. La gripe aviaria es la más reciente y ha sido la causante, directa o indirectamente, de la muerte de más 150 millones de aves domesticas, pero hay que recordar que no son raras las infecciones de unas aves a otras, domesticas o salvajes, por las más variadas clases de gérmenes que, en ocasiones, pueden ser particularmente virulentos y si además no se tiene tratamiento específico, como es el caso de los virus, pueden conducir epidemias importantes, como la de cepa H5N1.
Este es un fenómeno que, desde el origen de los tiempos, viene repitiéndose en todas las especies, incluido el hombre, y desde que se conocen los principios microbiológicos siempre se emplea la misma técnica para combatirlo, aislamiento del enfermo con el tratamiento del germen específico, si se tiene, o con el tratamiento sintomático, si no se tiene. Es lo que se ha hecho, desde el primer momento, en la epidemia de la gripe aviaria. Entonces, ¿por qué tantos temores? Porque ha habido seres humanos contagiados y es fácil imaginarse que una vez que el virus ha pasado al hombre va a transmitirse de hombre a hombre con la misma facilidad que lo ha hecho en las aves.
Está bien que los profanos tengan ese miedo pero no los expertos, salvo si lo explican exclusivamente por las posibles mutaciones que puede tener el virus en las personas contagiadas, olvidándose de aclarar que, cuando eso ocurre, es porque antes alguien ha trabajado mal y no ha cumplido con sus deberes.
“La cepa de gripe aviar que está circulando en el sudeste asiático, la H5N1, es muy mortífera para el hombre. Afortunadamente, no tiene la capacidad de transmitirse de humano a humano, sino sólo de las aves al hombre. Por el momento se han detectado unas cien transmisiones así. El problema vendría si esa cepa, o bien mutase o recombinase con otro virus que ya infecte al hombre, y sumase su alta capacidad de matar con la de transmitirse entre humanos” (El Pais, 11/10/05, entrevista de Alicia Rivera a Luis Enjuanes). Y es por lo que la mayor parte de los expertos se esfuerzan en explicar que, en 1997, en la epidemia de la « gripe del pollo » de Hongkong, se descubrió una mutación genética del virus de la gripe aviaria, que le permitía pasar al hombre que, por la convivencia con los otros virus de la gripe, había cambiado estucturalmente y que estos cambios son los mismos que los estudiados en Vietnam, en 2005, y en Turquia, a principios de este año.
Es bien conocido que, en la naturaleza, las mutaciones se hacen diariamente por millares pero nada permite confirmar que estas mutaciones de la gripe aviaria son la causa de la muerte de las personas hasta ahora producidas, ni que sea el origen de una posible transmisión interhumana de la infección.
Son correctas las medidas de aislamiento y tratamiento e incluso el sacrificio de las aves domésticas enfermas, de control y eliminación de la posible transmisión entre las salvajes, estudiando los lugares y ciclos de su emigración, formando e informado a los cazadores, campesinos y cuantos puedan encontrarse una ave muerta, de lo que deben hacer, pero no es correcta la reproducción de aves en condiciones inadecuadas de higiene, de alimentación y de espacio, mucho menos correcto que los cuidadores no solo no tengan una formación mínima de un oficio que, como todos, no se aprende por la ciencia infusa, sino que incluso convivan día y noche en las mismas condiciones higiénicas que las aves que pretenden cuidar y, todavía peor, si se trata de niños.
No busquemos mutaciones, busquemos que las aves criadas en malas condiciones (las aves y sus criadores), no sean admitidas en el mercado, por muy baratas que sean y por muchos controles sanitarios que hayan pasado, provengan de donde provengan, y resolveremos las peligrosas mutaciones. Ya sé que es difícil de hacer, pero para eso están los responsables nacionales e internacionales, no para meter miedo con el que disimular el incumplimiento de sus deberes. Es una táctica ya muy conocida al Este y al Oeste, con muro y sin muro de Berlin.
El Síndrome Respiratorio Agudo y Grave (SRAG) y el de la gripe aviar son dos enfermedades víricas aparecidas recientemente en Asia que, en poco tiempo, han metido el miedo en el cuerpo de todo el mundo. La gripe aviaria es la más reciente y ha sido la causante, directa o indirectamente, de la muerte de más 150 millones de aves domesticas, pero hay que recordar que no son raras las infecciones de unas aves a otras, domesticas o salvajes, por las más variadas clases de gérmenes que, en ocasiones, pueden ser particularmente virulentos y si además no se tiene tratamiento específico, como es el caso de los virus, pueden conducir epidemias importantes, como la de cepa H5N1.
Este es un fenómeno que, desde el origen de los tiempos, viene repitiéndose en todas las especies, incluido el hombre, y desde que se conocen los principios microbiológicos siempre se emplea la misma técnica para combatirlo, aislamiento del enfermo con el tratamiento del germen específico, si se tiene, o con el tratamiento sintomático, si no se tiene. Es lo que se ha hecho, desde el primer momento, en la epidemia de la gripe aviaria. Entonces, ¿por qué tantos temores? Porque ha habido seres humanos contagiados y es fácil imaginarse que una vez que el virus ha pasado al hombre va a transmitirse de hombre a hombre con la misma facilidad que lo ha hecho en las aves.
Está bien que los profanos tengan ese miedo pero no los expertos, salvo si lo explican exclusivamente por las posibles mutaciones que puede tener el virus en las personas contagiadas, olvidándose de aclarar que, cuando eso ocurre, es porque antes alguien ha trabajado mal y no ha cumplido con sus deberes.
“La cepa de gripe aviar que está circulando en el sudeste asiático, la H5N1, es muy mortífera para el hombre. Afortunadamente, no tiene la capacidad de transmitirse de humano a humano, sino sólo de las aves al hombre. Por el momento se han detectado unas cien transmisiones así. El problema vendría si esa cepa, o bien mutase o recombinase con otro virus que ya infecte al hombre, y sumase su alta capacidad de matar con la de transmitirse entre humanos” (El Pais, 11/10/05, entrevista de Alicia Rivera a Luis Enjuanes). Y es por lo que la mayor parte de los expertos se esfuerzan en explicar que, en 1997, en la epidemia de la « gripe del pollo » de Hongkong, se descubrió una mutación genética del virus de la gripe aviaria, que le permitía pasar al hombre que, por la convivencia con los otros virus de la gripe, había cambiado estucturalmente y que estos cambios son los mismos que los estudiados en Vietnam, en 2005, y en Turquia, a principios de este año.
Es bien conocido que, en la naturaleza, las mutaciones se hacen diariamente por millares pero nada permite confirmar que estas mutaciones de la gripe aviaria son la causa de la muerte de las personas hasta ahora producidas, ni que sea el origen de una posible transmisión interhumana de la infección.
Son correctas las medidas de aislamiento y tratamiento e incluso el sacrificio de las aves domésticas enfermas, de control y eliminación de la posible transmisión entre las salvajes, estudiando los lugares y ciclos de su emigración, formando e informado a los cazadores, campesinos y cuantos puedan encontrarse una ave muerta, de lo que deben hacer, pero no es correcta la reproducción de aves en condiciones inadecuadas de higiene, de alimentación y de espacio, mucho menos correcto que los cuidadores no solo no tengan una formación mínima de un oficio que, como todos, no se aprende por la ciencia infusa, sino que incluso convivan día y noche en las mismas condiciones higiénicas que las aves que pretenden cuidar y, todavía peor, si se trata de niños.
No busquemos mutaciones, busquemos que las aves criadas en malas condiciones (las aves y sus criadores), no sean admitidas en el mercado, por muy baratas que sean y por muchos controles sanitarios que hayan pasado, provengan de donde provengan, y resolveremos las peligrosas mutaciones. Ya sé que es difícil de hacer, pero para eso están los responsables nacionales e internacionales, no para meter miedo con el que disimular el incumplimiento de sus deberes. Es una táctica ya muy conocida al Este y al Oeste, con muro y sin muro de Berlin.














