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domingo, octubre 08, 2006

LA COSMÉTICA

La piel establece la frontera entre el cuerpo humano y el ambien­te que le rodea, por lo que tiene funciones de barrera obstructiva y de permeación. Pero esa capacidad de adaptación cada vez se hace más difícil porque la mayoría de las personas, sobre todo en el mundo desarrollado e industrial, están expuestas diariamente a más de 30.000 sustancias químicas. La Unión Europea (UE) tiene registradas más de 100.000 y todos los científicos, médicos y expertos en general, saben que representan un importante riesgo general de sensibilización o al menos de irritación, sin contar otros factores, además del individual.

Hace cuatro años la UE inició el proyecto REACH (Registration, Evaluation and Authorisation of Chemicals), como sistema de registro para todas las sustancias químicas, lo que representaría unos gastos de unos 5000 millones de €, pero todavía se necesitan valoraciones precisas de las ventajas e inconvenientes, porque la industria considera que su aplicación obligaría a un sobrecoste de producción de más del 20%.

Poco a poco se van atando cabos. Hasta ahora, la única obligación para los fabricantes se resumía en indicar, en el envase del producto, la lista de los ingredientes utilizados por orden decreciente del peso pero, el 28/08/06, la Comisión europea ha anunciado, la obligación de que los fabricantes de cosméticos faciliten a los clientes todas las informaciones sobre los contenidos de sus productos y sus efectos secundarios sobre la salud.

Teniendo en cuenta que el mercado europeo de productos cosméticos sobrepasa los 59.470 millones de €, conviene no alarmar con los posibles efectos secundarios pero también hay que saber que cualquier producto cosmético, a pesar de las mejores intenciones del fabricante y del prescriptor, puede ocasionar daños inesperados, no solo por su capacidad intrínseca, sino también por las condiciones en que se emplea y las particularidades del receptor.

La dermocosmética es un arte, porque la prevención o la reparación de la piel debe ser equilibrada y lo más próxima al estado natural, lo que no es fácil, dado que ello dependerá de la intensidad y del tipo de agresión que se produzca y de la constitución y la edad de quien la reciba. Mayor es la agresión y el trastorno ocasionado, mayor será la dificultad para mantener o restablecer el orden. Una exposición incontrolada a las radiaciones solares produce tales alteraciones en la piel que prácticamente es imposible un cuidado adecuado, aun siendo un buen cosmetólogo, y mucho menos cuando es la propia persona la que se aplica cremas indiscriminadamente, sin criterio alguno, como es frecuente en cualquier piscina o playa.

Un buen cosmetólogo no tiene pieles para cuidar o tratar, tiene la piel de tal persona y en tales circunstancias que puede ser o ha sido agredida. Entre la Cosmética y la Estética hay un abismo: la primera es la prevención o reparación de una posible agresión inevitable, mientras que la segunda es el cambio voluntario por razones subjetivas de belleza y por tanto evitable, pero que una vez hecho puede no ser reversible.

Tanto en la Cosmética como en la Estética hay arte y riesgo: arte porque se trata de reproducir un modelo natural o inventado y riesgo porque no existe método que garantice la inocuidad para el organismo. En el mejor de los casos nos aproximamos al modelo y en el peor se produce un verdadero desastre, cuyos mayores exponentes son, a corto plazo la alergia y a largo plazo el cáncer cutáneo, amen de los problemas psicológicos e incluso psíquicos que pueden producirse.

Aunque nada más sea pensando en la alergia y el cáncer (54.000 millones de € cuestan, en Alemania, los casos de cáncer), los tratamientos cosméticos y estéticos deben ser estudiados por auténticos especialistas que valoren adecuadamente la piel que van a tratar, según la edad, la constitución, el estado de salud, la época del año, el lugar, la profesión, etc. y una vez determinado el conjunto de condiciones decidir el método adecuado para reparar o cambiar la piel, respetando la tercera palabra que se impone entre la Cosmética y la Estética: la Etica.

La Etica exige decir claramente que el tiempo pasa inexorablemente y la piel envejece como todo el organismo, que no existe producto ni método rejuvenecedor real, que la piel es una barrera selectiva que no permite salir ni entrar más que lo que fisiológicamente tiene determinado, que el hombre tiene muy pocas sustancias y muy pocos medios para atravesar dicha barrera cutánea, que, por lo general, son inútiles los productos con muchos componentes, que hay que contentarse con una buena limpieza, lubricación, hidratación superficial y muy poco más, que las palabras “revitalizador celular”, “nutrición celular”, “regeneración celular”, “hipoalérgico”, “rejuvenecedor”, “antienvejecimiento”, etc., no son más que reclamos comerciales sin ningún sentido científico y que el cambio estético es más peligroso que la reparación cosmética: La mejor cosmética es la moderación, la mejor estética es la cosmética y la mejor cosmética y estética es la ética.

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