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martes, agosto 08, 2006

EL PRESERVATIVO

Soy médico y, como tal, lo que me interesa es tratar de quitar o mitigar las angustias y dolores que producen las enfermedades.

Está claro que hay enfermedades más graves que otras, que se pueden curar más fácilmente que otras, que se comportan diferentemente en unas personas que en otras, que se pueden prever más fácilmente que otras y en resumen que, por tratarse de seres humanos, hay muchas permutaciones de componentes físicos y psíquicos, no siempre fáciles de comprender y por consiguiente de manejar.

Pero de lo que sí estoy seguro es de que si hay un medio de evitar que el ser humano caiga enfermo hay que emplearlo, siempre y cuando no se cause daño a una segunda o tercera persona..

Y con las relaciones sexuales hay posibilidades de caer enfermo sin que nadie engañe a nadie. La vieja creencia de que cuando alguien tiene una enfermedad de transmisión sexual (ETS) es porque de su pareja le ha engañado ya no es válida, porque, salvo la sífilis, las otras más de 20 ETSs se pueden adquirir por otros medios y, una vez que están en los genitales de uno de los dos, el mecanismo de transmisión habitual es por las relaciones sexuales (Blog: Enfermedades de transmisión Sexual. ETS/ITS).

El único medio que existe para evitar que durante las relaciones sexuales se adquiera o se transmita una enfermedad (los que engañan y los que no engañan) es con el uso del preservativo, del tipo que sea, masculino, femenino, de látex, de poliuretano, lubricado, con antisépticos, con espermicida, con lo que sea, siempre que haga una barrera mecánica entre los genitales de la pareja.

Hay barreras muy amplias y por tanto muy protectoras, como la del preservativo femenino, pero son de bastante molesta aplicación, barreras muy reducidas y por tanto poco protectoras, como el diafragma femenino, que siendo de agradable aplicación tienen poca utilidad contra las infecciones. Al final no nos queda más que el preservativo masculino, que será más o menos caro, más o menos cómodo, más o menos resistente, más o menos adaptado a los hábitos, pero lo importante es que no solamente no deja pasar los espermatozoides para producir el embarazo sino que también impide el paso de los gérmenes causantes de enfermedades infecciosas.

Y aquí viene la eterna discusión de los discrepantes de su uso, porque dado que “está demostrado científicamente que el preservativo deja pasar virus”, no es útil para evitar las infecciones. Es el eterno juego con las palabras que no dicen mentiras pero no dicen la verdad y dejan subentender la falsedad. Todos los integristas las utilizan desde el comienzo de los siglos. El preservativo puede dejar pasar algunos virus, pero si no se utiliza pasaran todos y con unos pocos hay menos probabilidad de adquirir la enfermedad que con todos y por descontado que no pasa ningún hongo, ni ninguna bacteria.

Si lo que se prefiere es no tener relaciones sexuales, para no tener riesgo de infecciones genitales o para hacer méritos ideológicos o religiosos, estamos de acuerdo en la inutilidad del preservativo (nada más seguro que Julieta en el balcón de su casa de Verona y Romeo en el patio), pero el problema es que es difícil formar una familia y vivir durante años con su pareja sin tener relaciones sexuales. Todos los que forman una familia, sea de la clase que sea, necesitan tener relaciones sexuales.
En ese no decir mentiras pero no decir la verdad, predomina el subentender que las ETS son propias de personas poco serias, de mala vida, promiscuos, con prácticas de riesgo, etc., lo que es completamente falso, porque cualquiera puede tener un papilomavirus que pasa de los pies, de las manos, de un saludo (como la gripe, vaya Dios a saber de donde proviene), a los genitales y a partir de ese momento es contagiante para su pareja, aunque ambos sean personas serias, de vida regular y fieles.

Y ahora vienen más ideas de los discrepantes: admitamos que cualquiera puede adquirir una ETS siendo serio, de vida regular y fiel, pues lo que tiene que hacer es tratarse la ETS y no tener relaciones sexuales hasta que no esté curado, con lo que no necesita el preservativo. En general está bien pensado, pero el papilomavirus tiene un tiempo de incubación des dos semanas hasta, al menos, un año, lo que quiere decir que, después de haberse curado aparentemente las lesiones, puede seguir teniendo virus hasta después de un año y si logran resistir ese tiempo sin relaciones sexuales, verdaderamente merecen, los dos, un buen lugar en el cielo. Y todavía me quedo corto, porque hay que contar además el tiempo que se puede tardar en hacer desaparecer aparentemente las lesiones, que a veces es más de otro año. No hay que olvidar que los virus no tienen tratamiento específico.

Seguimos con las ideas de los discrepantes: esos son casos raros, porque las gentes “normales” no tienen muchas infecciones por papilomavirus. Pregunten a los ginecólogos cuantos cánceres de cuello de útero operan por culpa de este virus. Aproximadamente el 60%, la mayoría mujeres fieles y de buenas familias. De la incidencia del Virus del Papiloma Humano (VPH) se habla menos que del SIDA pero es más importante.

Si el uso del preservativo, durante las relaciones sexuales, ocasiona una alergia u otra enfermedad a quien lo emplea o a su pareja, justificaría primero la consulta médica para comprobarlo, segundo el cambio de tipo de preservativo, en busca de uno que no ocasione la enfermedad comprobada (hay cientos diferentes), tercero la valoración comparativa de la gravedad de la enfermedad comprobada con la de las posibles enfermedades que se pueden adquirir sin él, y por último la elección de otro método anticonceptivo.

El mayor problema de la sexualidad es la mala formación e información, incluidos los llamados expertos, porque para lo único que es malo el preservativo es para tener niños.

El mayor problema del preservativo es como ponérselo sin perder los estímulos previos a la penetración, por lo que valdría la pena explicar a la pareja como debe ser un poco más activa, para que el otro no tenga que interrumpir sus caricias.

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