LOS “CAJALES”
Últimamente he leído varias quejas de los llamados “Cajales”, por el nombre del programa que se hizo hace cinco años para tratar de traer a España a científicos con experiencia en el extranjero, y prácticamente todos se sienten defraudados y desilusionados, porque una cosa es lo que se promete sobre el papel y otra la realidad.
Nuestros administradores son auténticos expertos en vender promesas pero, insistiendo en su superioridad sobre los de más de 160 países, son auténticos deficientes en formación y experiencia, comparados con los de los otros 40 países, por lo que no es difícil que Francisco J. Tapiador, del Departamento de Geografía de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, diga: “Yo, que soy un Ramón y Cajal de los jovencitos y vagos, tengo ocho artículos en revistas de impacto. La ministra y catedrática Cabrera, sólo dos. Y el catedrático Quintanilla, que dirige la política científica de este país, uno.” (El País, 18/06/06, Cartas al Director).
Sin remontarse al siglo XIX, en el que, sin duda, ya existía este problema, mi experiencia, de más de 30 años, es que no ha existido, no existe y no existirá, al menos en los próximos 10 años, programa aceptable de investigación en España, por la sencilla razón de que nunca hemos tenido una educación uniforme, gratuita y buena para toda la población, como, desde hace más de un siglo, han tenido los otros 40 países.
Un pueblo no se valora por las cúspides, sino por las mesetas. Que en España, como en todos los países, ha habido, hay y habrá genios, no hay ninguna duda, pero eso no tiene otro valor que para el orgullo personal del genio y la utilización propagandística de los que tratan de vivir a su sombra. Cuando todos los niños de dos generaciones de españoles, desde los 3 hasta los 16 años, asistan diariamente a una escuela y diariamente hagan o escuchen un buen comentario de texto, lo más elemental de la cultura, de la ciencia y del civismo, empezaremos a tener las bases de una buena investigación, porque tendremos una buena formación y un buen respeto a lo más elemental de la humanidad.
Todavía tenemos muchas generaciones maleducadas que mezclan churras con merinas, la productividad con IPC o el PIB, el desarrollo con el paro, etc., cualquier cosa, según la conveniencia o la ignorancia del momento, porque están convencidas de que España no tiene nada de qué acomplejarse, ni de qué envidiar a nadie, y que cuando un “Cajal” quiere volver es porque allí está peor y no hay razones para darle medios especiales. ¡Que se quede donde está!
Es el círculo vicioso, los que están se creen suficientes y ven a los que vienen como intrusos, haciendo todo lo posible para no facilitarles la integración, y los que vienen, incluso si se encuentran con la excepción de ser bien acogidos, ven las grandes deficiencias mentales y materiales, comparadas con las del equipo de donde viene. No llegaran nunca a entenderse y si lo hacen es en apariencia, por la necesidad sentimental del “Cajal” de volver a su país, es decir por patriotismo.
Cuando se investiga en un país desarrollado no se tiene que pensar en como pagar el piso, el teléfono, la educación de los niños, etc. Todo eso está más que resuelto y no se considera un lujo, sino una obligación de quien te emplea, pero lo mejor es que, cuando se ha estructurado un proyecto, la única dificultad es tener la firma de la aprobación, porque después se acaba la burocracia, salvo la auditoria interna anual que, en lugar de poner dificultades, pone al día la buena o mala marcha del proyecto.
¿Quién puede hacer venir a un investigador de valía, de 40 años, con una beca limitada en el tiempo, con menor sueldo que el que está ganando, dependiendo de un jefe que dice tener un equipo pero que simplemente son unos colegas que se conocen de siempre y están muy habituados a gastar 70% de su tiempo en burocracia, intrigas e influencias que les permitan recibir al “sabio” que va resolver todos los problemas pero que, sin duda, se tiene que poner a la cola?
Tiene razón Ignacio Cirac, premio Príncipe de Asturias de las Ciencias, "La sociedad aquí (Alemania) entiende mucho mejor a los científicos que en España. Los científicos nos comunicamos más con la sociedad en Alemania que en España".
Nuestros administradores son auténticos expertos en vender promesas pero, insistiendo en su superioridad sobre los de más de 160 países, son auténticos deficientes en formación y experiencia, comparados con los de los otros 40 países, por lo que no es difícil que Francisco J. Tapiador, del Departamento de Geografía de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, diga: “Yo, que soy un Ramón y Cajal de los jovencitos y vagos, tengo ocho artículos en revistas de impacto. La ministra y catedrática Cabrera, sólo dos. Y el catedrático Quintanilla, que dirige la política científica de este país, uno.” (El País, 18/06/06, Cartas al Director).
Sin remontarse al siglo XIX, en el que, sin duda, ya existía este problema, mi experiencia, de más de 30 años, es que no ha existido, no existe y no existirá, al menos en los próximos 10 años, programa aceptable de investigación en España, por la sencilla razón de que nunca hemos tenido una educación uniforme, gratuita y buena para toda la población, como, desde hace más de un siglo, han tenido los otros 40 países.
Un pueblo no se valora por las cúspides, sino por las mesetas. Que en España, como en todos los países, ha habido, hay y habrá genios, no hay ninguna duda, pero eso no tiene otro valor que para el orgullo personal del genio y la utilización propagandística de los que tratan de vivir a su sombra. Cuando todos los niños de dos generaciones de españoles, desde los 3 hasta los 16 años, asistan diariamente a una escuela y diariamente hagan o escuchen un buen comentario de texto, lo más elemental de la cultura, de la ciencia y del civismo, empezaremos a tener las bases de una buena investigación, porque tendremos una buena formación y un buen respeto a lo más elemental de la humanidad.
Todavía tenemos muchas generaciones maleducadas que mezclan churras con merinas, la productividad con IPC o el PIB, el desarrollo con el paro, etc., cualquier cosa, según la conveniencia o la ignorancia del momento, porque están convencidas de que España no tiene nada de qué acomplejarse, ni de qué envidiar a nadie, y que cuando un “Cajal” quiere volver es porque allí está peor y no hay razones para darle medios especiales. ¡Que se quede donde está!
Es el círculo vicioso, los que están se creen suficientes y ven a los que vienen como intrusos, haciendo todo lo posible para no facilitarles la integración, y los que vienen, incluso si se encuentran con la excepción de ser bien acogidos, ven las grandes deficiencias mentales y materiales, comparadas con las del equipo de donde viene. No llegaran nunca a entenderse y si lo hacen es en apariencia, por la necesidad sentimental del “Cajal” de volver a su país, es decir por patriotismo.
Cuando se investiga en un país desarrollado no se tiene que pensar en como pagar el piso, el teléfono, la educación de los niños, etc. Todo eso está más que resuelto y no se considera un lujo, sino una obligación de quien te emplea, pero lo mejor es que, cuando se ha estructurado un proyecto, la única dificultad es tener la firma de la aprobación, porque después se acaba la burocracia, salvo la auditoria interna anual que, en lugar de poner dificultades, pone al día la buena o mala marcha del proyecto.
¿Quién puede hacer venir a un investigador de valía, de 40 años, con una beca limitada en el tiempo, con menor sueldo que el que está ganando, dependiendo de un jefe que dice tener un equipo pero que simplemente son unos colegas que se conocen de siempre y están muy habituados a gastar 70% de su tiempo en burocracia, intrigas e influencias que les permitan recibir al “sabio” que va resolver todos los problemas pero que, sin duda, se tiene que poner a la cola?
Tiene razón Ignacio Cirac, premio Príncipe de Asturias de las Ciencias, "La sociedad aquí (Alemania) entiende mucho mejor a los científicos que en España. Los científicos nos comunicamos más con la sociedad en Alemania que en España".















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