LAS EPIDEMIAS
Todas las epidemias son iguales, incluso en el susto que dan cuando comienzan. Siempre comparo, a título de ejemplo, la sífilis con el SIDA y el profesor García Pérez, catedrático de dermatología, que fue, en las universidades de Salamanca, Sevilla y Complutense de Madrid, lo sintetizo muy bien en su artículo de la Revista Ibero-latinoamericana E.T.S. (vol. 8, nº 5 de Sept-Oct., pag.369-376,1994), titulado Sífilis y SIDA : dos historias paralelas, explicando que, ambas enfermedades, además de ser de transmisión sexual, han aparecido por primera vez en una determinada ciudad, que se han diseminado rápidamente, en “mancha de aceite”, que tienen variantes etiopatogénicas, que coinciden circunstancias sociológicas, que, según los países, difiere el comportamiento epidemiológico y que en las dos hubo y hay dificultades para el tratamiento específico.
La sífilis, después de más de seis meses de incubación en Lyon -Francia-, en 1495, donde se acantonaron los mercenarios al servicio de Carlos VIII, preparando la guerra contra el rey de Nápoles, en su fase aguda, llegó a producir tal número de muertes que, después de haber vencido el francés tuvo que retirarse, ante la respuesta del enemigo, mandado por el Gran Capitán, pero el paso del tiempo, sin tratamiento alguno, la hizo crónica, con estadios de sífilis primaria, secundaria y terciaria que han durado más de 30 años e incluso hubo casos de curación espontánea.
En el SIDA está ocurriendo igual, en su fase aguda se hablaba de la epidemia del siglo, por su rápida difusión; que era mortal de necesidad, por el escaso control extrahospitalario; que cualquier persona podía adquirirlo, por las altas cifras mundiales de heterosexualidad; etc.; etc., pero el paso de los años ha venido a eliminar prejuicios y, aunque sigue siendo un importante problema, ya nadie piensa que es la epidemia del siglo, ni del XX ni del XXI, porque las cifras se han reducido y ha habido epidemias más mortales; que es mortal de necesidad, porque hay supervivientes a la infección de más de 20 años; que cualquier persona puede adquirirlo, porque se conoce perfectamente los mecanismos de transmisión; etc.; etc.; y, como ocurrió en la sífilis, seguimos sin tratamiento específico, por lo que su cronicidad no es solamente achacable a la acción de los tratamientos que existen, sino que también hay que tener en cuenta la evolución del propio virus y de las defensas inmunológicas de los infectados, además de las evidencias del mejor control sanitario y sociológico.
La historia se repite, ahora nos asustamos por la posible epidemia en el hombre de la gripe aviaria y nos olvidamos de las auténticas posibles epidemias humanas que existen ya e incluso de epidemias sin relación con infecciones, como los accidentes de tráfico. Nunca sabré qué, ni quien produce estos temores irracionales. Lo que sí sé es que una vez que se entra en el círculo de difusión del miedo, se dice y se hace cualquier cosa, según la ignorancia o la demagogia del momento. Siempre recordaré al entonces ministro de sanidad español (creo que se apellidaba Vargas), sin duda por ignorancia (no era médico), dijo, en el Parlamento, que el SIDA ya no era cosa de grupos de riesgos puesto que, dado el aumento que experimentaba entre heterosexuales, prácticamente cualquier ciudadano podía contagiarse, lo que motivó que a los pocos días tuviera que ir a Málaga, Andalucía-España, para tranquilizar a los padres de los niños de una escuela en la que había una compañera que era seropositiva para el VIH y explicar que, si la niña contagiada se cuidaba las posibles heridas que si hiciera y si sus compañeros jugaban con ella de forma normal, no corrían ningún riesgo. Se había olvidado de la relatividad y prudencia de la medicina y más cuando se habla de cifras, porque la heterosexualidad de África no tenía nada que ver con la de España. Es una lástima que los políticos piensen que no necesitan saber de la ciencia o técnica que dirigen, pensando que es suficiente con los consejeros, porque incluso estos se escogen mejor cuando se sabe algo del tema.
La sífilis, después de más de seis meses de incubación en Lyon -Francia-, en 1495, donde se acantonaron los mercenarios al servicio de Carlos VIII, preparando la guerra contra el rey de Nápoles, en su fase aguda, llegó a producir tal número de muertes que, después de haber vencido el francés tuvo que retirarse, ante la respuesta del enemigo, mandado por el Gran Capitán, pero el paso del tiempo, sin tratamiento alguno, la hizo crónica, con estadios de sífilis primaria, secundaria y terciaria que han durado más de 30 años e incluso hubo casos de curación espontánea.
En el SIDA está ocurriendo igual, en su fase aguda se hablaba de la epidemia del siglo, por su rápida difusión; que era mortal de necesidad, por el escaso control extrahospitalario; que cualquier persona podía adquirirlo, por las altas cifras mundiales de heterosexualidad; etc.; etc., pero el paso de los años ha venido a eliminar prejuicios y, aunque sigue siendo un importante problema, ya nadie piensa que es la epidemia del siglo, ni del XX ni del XXI, porque las cifras se han reducido y ha habido epidemias más mortales; que es mortal de necesidad, porque hay supervivientes a la infección de más de 20 años; que cualquier persona puede adquirirlo, porque se conoce perfectamente los mecanismos de transmisión; etc.; etc.; y, como ocurrió en la sífilis, seguimos sin tratamiento específico, por lo que su cronicidad no es solamente achacable a la acción de los tratamientos que existen, sino que también hay que tener en cuenta la evolución del propio virus y de las defensas inmunológicas de los infectados, además de las evidencias del mejor control sanitario y sociológico.
La historia se repite, ahora nos asustamos por la posible epidemia en el hombre de la gripe aviaria y nos olvidamos de las auténticas posibles epidemias humanas que existen ya e incluso de epidemias sin relación con infecciones, como los accidentes de tráfico. Nunca sabré qué, ni quien produce estos temores irracionales. Lo que sí sé es que una vez que se entra en el círculo de difusión del miedo, se dice y se hace cualquier cosa, según la ignorancia o la demagogia del momento. Siempre recordaré al entonces ministro de sanidad español (creo que se apellidaba Vargas), sin duda por ignorancia (no era médico), dijo, en el Parlamento, que el SIDA ya no era cosa de grupos de riesgos puesto que, dado el aumento que experimentaba entre heterosexuales, prácticamente cualquier ciudadano podía contagiarse, lo que motivó que a los pocos días tuviera que ir a Málaga, Andalucía-España, para tranquilizar a los padres de los niños de una escuela en la que había una compañera que era seropositiva para el VIH y explicar que, si la niña contagiada se cuidaba las posibles heridas que si hiciera y si sus compañeros jugaban con ella de forma normal, no corrían ningún riesgo. Se había olvidado de la relatividad y prudencia de la medicina y más cuando se habla de cifras, porque la heterosexualidad de África no tenía nada que ver con la de España. Es una lástima que los políticos piensen que no necesitan saber de la ciencia o técnica que dirigen, pensando que es suficiente con los consejeros, porque incluso estos se escogen mejor cuando se sabe algo del tema.















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